Prólogo a lo salvaje
Annette Levre
—¿Qué haces? —pregunta Dulce para nada amable.
No le prestó atención mientras sigo acomodando las rosas que compré esta mañana.
—¿Acaso no es obvio? Estoy preparando un bonito desayuno aesthetic.
Para darle veracidad a mis palabras, le saco una foto a la bandeja de desayuno, las rosas amarillas resaltan en la vajilla blanca de los Egorova. Trate de hacer art latte de corazón, no me salió, quedó un círculo de espuma que de igual manera se ve bonito. A Zahara le encantará.
—A veces me pregunto si actúas como tonta o lo eres de verdad. —Dulce agarra las rosas y las tira a la basura—Zahara le tiene pánico a las rosas después de lo de París. ¿Y quieres darles rosas?
Cierro la boca, callándome la protesta. Dulce es irritante, pero cuando tiene razón, la tiene. Y definitivamente me siento tonta por no haberlo pensado en el momento que las compre. Con tristeza miro las rosas amarillas tan bonitas en la basura.
—Me había olvidado. —murmuró sin querer admitir que tenía razón.
Porque como espero, Dulce sonríe maliciosamente.
—¿La linda Annette me está dando la razón? ¿Admite que se equivocó?
Volteo mis ojos.
—Eres un bombón fastidioso que no me gustaría comer.
Le doy la espalda y con libertad busco en los cajones de la cocina algo para decorar, tal vez unas velas, no puedo darle un desayuno no aestethic a mi amiga que tiene el corazón roto. En dos días será su cumpleaños y no puede amanecer triste el día que cumplirá veinticinco años.
—¿Quién dijo que quiero que me comas?
La miro sobre mis hombros sonriendo con picardía.
—Lo siento por no ser blanca de ojos azules. —le saco la lengua—A este paso, nadie te comerá. Serás un bombom eterno en el envoltorio.
—Me voy a pudrir. —no hay fastidio ni jugueteo, es como si se resignara a quedarse sola para siempre.
Giro el cuerpo para mirarla con detenimiento, hay momentos que la Dulce venenosa desaparece para darle paso a esta versión melancólica que no me gusta para nada, la prefiero fría y alerta que perdida sin rumbo. Ha estado asi desde que Zahara pasa más tiempo con Catriel, como si su cerebro por fin registrara el hecho de que Zahara nunca le correspondera por el simple hecho que no es lesbiana.
Sería tan buena amiga que la haría olvidar, pero no le gusta el sabor chocolate. Me encojo de hombros y le peleo.
—Si te pudres, procuraré enterrarte en un lindo lugar. ¿Dónde prefieres? ¿Bosque o mar? ¿Te hago cenizas o qué?
La frialdad se asienta en sus ojos verdes y se cruza de brazos, recuperando su habitual ser.
—En el hipotético caso de que llegara a morir, no dejaría mi cuerpo en tus manos.
Me llevo una mano al pecho, dolida.
—Qué mala y, yo que estaba tratando de ser buena, buena amiga.
Hay un atisbo de sonrisa en su cuidadosa máscara de frialdad. A la cocina entra el patriarca de los Egorova, Gerald o como a mi me gusta decirle:
—Buenos días, sugar. —sonrió divinamente en su dirección.
ESTÁS LEYENDO
CURVAS SIN MIEDOS
RomansaDicen que las casualidades no existen, que es el destino el que juega sus cartas. Pero para Zahara y Catriel, sus encuentros parecen ser una mezcla de ambas cosas. Zahara, una modelo plus size que busca redescubrirse, está cansada de la monotonía y...
