Creepypasta

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El sonido metálico de las correas ajustándose contra su piel fue lo primero que sintió al despertar. El frío del metal le recorrió la espalda, haciéndola estremecer. Trató de moverse, pero sus muñecas y tobillos estaban sujetos con firmeza. La respiración se le aceleró mientras sus ojos, aún desenfocados, exploraban el entorno.

La habitación era fría, iluminada por una luz blanca que proyectaba sombras alargadas en las paredes. Conocía el lugar, volvía todos los días en sus pesadillas.

Al otro lado de la habitación, una figura alta e inhumana la observaba. Su silueta delgada y alargada que ella conocía perfectamente. No tenía rostro, y sin embargo, parecía mirarla con una intensidad que le heló la sangre.

—¿Qué… qué hago aquí? —preguntó ella con la voz temblorosa, su garganta seca por el miedo.

El sonido no salió de su boca, pero la respuesta resonó en su mente, profunda y perturbadora.
—Revelaste nuestra existencia.

Ella parpadeó, su corazón latiendo con fuerza en su pecho. Recordaba… sí, recordaba haber hablado. Había contado lo que sabía. La entrevistaron no una muchas veces.

—Tu...dijiste que yo podía contarlo … —intentó justificarse, pero su voz se ahogó en su propia culpa.

—Nos engañaste... no se cómo fuiste tan lista Pero nos pudiste en un riesgo enorme. Tu castigo era la muerte, como los demás testigos, como los otros que han intentado atraparnos. Pero he decidido perdonarte.

La angustia la golpeó como una ola helada. ¿La había perdonado? ¿Por qué?

—¿Y mis padres? —preguntó.

El silencio que siguió fue más aterrador que cualquier palabra que pudiera haber dicho.

—Los mataste. A ellos… y a quienes te entrevistaban- Slenderman hablo con tranquilidad mientras se movía por la habitación.

Su mente se rompió en mil pedazos.

—No… No. Eso no es cierto.

Pero entonces, las imágenes llegaron. Los gritos. La mirada aterrada de su madre antes de que… antes de que…

—No… —susurró, con la garganta cerrada por el llanto. -¡Tu me manipulaste, entraste en mi mente y me obligaste!

—Fue tu castigo. Una advertencia. Ahora, ya no hay nadie que pueda usar tu testimonio contra nosotros. Y ya no tienes a nadie por quien vivir, y aún así te verás obligada hacerlo.

Ella gritó, con toda la desesperación de quien ha perdido algo irrecuperable. Pero Slenderman no se movió. No reaccionó.
De pronto, un sonido eléctrico llenó la habitación, seguido de un dolor abrasador que recorrió su cuerpo. Un grito desgarrador escapó de su garganta cuando la descarga la sacudió violentamente. Su espalda se arqueó contra la camilla, sus músculos se contrajeron hasta el punto de sentirse a punto de romperse.

El dolor se detuvo. Solo por un momento.
Mónica respiró con dificultad, su pecho subiendo y bajando de forma involuntaria. Pero entonces, el sonido volvió a zumbar en el aire, y la agonía la consumió una vez más. Gritó hasta que su voz se quebró.

Cuando la segunda descarga cesó, apenas podía mantener los ojos abiertos. Lágrimas resbalaban por sus mejillas, su cuerpo temblaba sin control, sus pensamientos eran  desesperación.

Slenderman inclinó su cabeza levemente, como si la estuviera observando con curiosidad.

—Bienvenida de nuevo —susurró en su mente, su voz resonando como un eco en su conciencia—. Ahora esta es tu casa.

Una sombra oscura pareció envolverla de nuevo, arrastrándola a un abismo del que no habría regreso.

—Ya eres una de nosotros.

Con un nudo en la garganta y el corazón roto Mónica sentía que no era capaz de llorar mas, esas tres semanas que paso en esa casa se convirtieron en el mismo infierno. Sin embargo, ella aguanto por el deseo de volver a su familia, ahora no solo había regresado a su pesadilla, también lo había perdido todo. Incluso las ganas de vivir.

-Señor...- Masky entro a la oficina y dió un rápido vistazo a la chica. -Por ahora estamos a salvo, al parecer si atención se queda en la antigua casa en ruinas-

-Muy bien, Pero digan alerta... Los humanos son más peligrosos de lo imaginado-

Mónica sabía que se refería a ella, en otro caso abría protestado. Después de todo la apuesta fue idea de él, Pero no le quedaban fuerzas para ganar algo cuando ya lo había perdido todo. Su cuerpo aún temblaba por los choques eléctricos, podría haber tenido escalofríos que se mezclaron con la corriente, ya no sabía si tenía frío o calor, no le importaba, nada le importaba.

-Ve a tu habitación, sigue igual a como la dejaste... Por sierto, ahora debes defenderte tu sola aquí se acabaron las preferencias -

No dijo nada solo se levantó y salió, ante los atentos ojos que no le sorprendió mirar.

-¡Monica!- Helen se levantó para mirarla de cerca. Tomo sus manos con preocupación. -Estas muy fría, y la sangre ...-

Mónica se alejo rápidamente antes de que tocará su rostro, Helen retrocedió algo sorprendido por la acción.

-Estoy bien, gracias -

-Pero miren quién volvió -la voz de Nina hizo que su sangre se calentará, sabía que no venía con buenas intenciones. -El ciervo consigue cuernos y cree que puede enfrentarse al león -

-Dejala en paz Nina - Laughuing hablo desde su lugar, Pero la chica solo rodó los ojos.

-Los guardaespaldas se hacen presentes, bravo -

-No necesito de nadie para romperte la cara - El repentino enfrentamiento de Mónica los tomo por sorpresa, Nina río acercándose un poco más

-Que hayas matado a una persona no te hace Creepypasta, con suerte llegarás a perrita faldera de Slenderman...- se escuchó un golpe fuerte, uno que ya había sonado antes en esa casa. La mano de Mónica había impactado en la mejilla de Nina provocando que un hilo de sangre escapara de su boca.

-Niña tonta- Murmuró Jane levantándose seguida de Eyeless Jack, ambos se pararon detrás de Nina mostrando su apoyo.

Pero Mónica no estaba sola, Laughuing y Bloody también se pararon detrás de ella, muy serios.

-Intentenlo, tengo casi mil años y muchas ganas de patearles el culo - bufo Laughuing.

-Uy chisme, voy por palomitas y refresco - celebro Jeff corriendo a la cosina.

Nina enrojeció de irá, Pero no fue tan tonta de pelear. Con Laughuing en su contra ganar era imposible. -No vale la mas mínima pena, no siempre estarás protegida Mónica -

-No tengo que perder, así que aquí estaré esperando -

Mónica salio de la casa sin prisa, escapar ya nisiquiera era una opción.

-¿Qué? Ya se acabó - Murmuró Jeff volviendo de la cosina. -Que más servicio encerio -

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Había corrido fuerte, sin detenerse. ¿A dónde iba? A ningún lado realmente solo quería estar sola, se vio rodeada de árboles, enojada y llena de rencor.

Saco fuerzas y empezó a golpear un roble hasta que sus nudillos dolieron. No se detuvo, no hasta que la sangre empezó a brotar manchando el tronco.

Solo entonces se sentó en el piso, haciéndose bolita para protegerse del dolor que sentía en el corazón.

Conviviendo Con EllosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora