Culpable

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Mónica caminaba por el bosque, con la chaqueta cubriéndole hasta el cuello y la mirada fría como el hielo. No buscaba problemas, pero parecía que los problemas siempre la encontraban a ella.

—Vaya, vaya… ¿A quién tenemos aquí? —La voz burlona la detuvo en seco.

Mónica entrecerró los ojos. Lo había sentido acechándola, siguiéndola entre los árboles como un animal hambriento. Lo hacía todo el tiempo, durante los dos días que tenía hay no la había perdido de vista.

—No estoy de humor para tus mierdas —soltó ella, sin siquiera girarse.

Jeff rió, esa carcajada ronca y molesta que le hervía la sangre.

—¿Desde cuándo hablas sin temblar amiguita? —Se movió rápido, colocándose frente a ella—. ¿Qué? ¿Te sientes un poco valiente porque mataste a tus padres? Yo también lo hice, no es gran cosa.

Mónica lo fulminó con la mirada.

—No me siento más valiente. Simplemente no dejo que un payaso con cuchillo siga tratándome como basura.

Jeff ladeó la cabeza, con esa sonrisa torcida que le hacía hervir la sangre a cualquiera.

—¿Payaso? Por favor. A mí me temen. A ti apenas te soportan.

Mónica apretó los puños. No iba a dejarse. No por él.

—Y sin embargo aquí estás, demostrando lo poco que eres al molestarme.

La sonrisa de Jeff se ensanchó.

—Eso no fue muy cortes.

Mónica deslizó la mano hasta su cuchillo y lo sacó en un movimiento fluido.

—Talvez deberías conocer a mi nuevo cuchillo mejor que la baratija que me diste.

Jeff no esperó más. Se lanzó sobre ella con su cuchillo reluciente, buscando cortarle el cuello. Mónica se apartó justo a tiempo, sintiendo el filo pasar cerca de su piel. Se agachó y giró la hoja hacia su costado, pero Jeff la esquivó con facilidad.

—Al menos el que te di significaba algo más que una pena estúpida—se burló.

Mónica no respondió. En su lugar, atacó con fuerza. Sus cuchillos chocaron con un sonido metálico, chispas saltaron al aire mientras ambos se empujaban, tratando de superar la defensa del otro.

Jeff tenía ventaja. Era más rápido, más fuerte, tenía experiencia y una cabeza mas retorcida. Su risa sonaba en cada ataque, como si disfrutara jugar con ella.

Un corte en su brazo la hizo gruñir de dolor. Ella no tenía nada que perder y sin embargo se aferraba a su vida.

—¿Eso es todo? —Jeff se lamió la sangre del filo de su cuchillo—. Qué decepción.

Mónica respiró hondo, ignorando el ardor en su piel.

—Si vas a matarme, hazlo ya —espetó—. O mejor aún… intenta.

Jeff atacó de nuevo, directo al pecho. Pero esta vez, Mónica no esquivó. Se movió hacia él en el último segundo, atrapando su muñeca con una fuerza que lo tomó por sorpresa.

Y entonces, giró el cuchillo en su otra mano y lo hundió en su costado.

Jeff soltó un jadeo ahogado.

Jeff se tambaleó, pero su mirada seguía encendida y su sonrisa era mas grande que nunca.

—Perra… ahora lo veo, el odio te hace más fuerte.

—Y a ti te hizo débil.

Se apartó, dejando que Jeff se sostuviera la herida.

—No te creas mucho por ganarme, esto no me hace débil... Solo demuestra el gran rencor que estás cargando sobre tus hombros y que va a destruirte si no lo liberas.

Mónica se limpió la sangre de la mejilla con el dorso de la mano. Luego busco un tronco y se sentó, Jeff hizo lo mismo ignorando por completo que estaba herido.

—No se de que hablas. ¿Cómo debería sacarlo?

-Buscando al culpable y haciéndolo pagar claro, y por sierto, no quisiera ser esa pobre alma en estos momentos.

Mónica ignoro la carcajada mientras pensaba, después de todo y aunque fuera Slenderman quien mato a su familia no lo culpaba completamente de su miseria, pues si Laughuing no la ubiera conocido ella no estaría ahí. Si Jeff no ubiera quemado la casa Laughuing no ubiera hablado con ella. Era tan confuso.

-No es difícil diferenciar el amor del odio.

Conviviendo Con EllosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora