Eric

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Chiara

Salimos corriendo hacia el hospital con la esperanza de que Violeta siguiera en la habitación. En el camino, me contaron como Violeta se había puesto de parto, la llegada al hospital, de como descubrieron la mentira de Violeta.

Tuvimos muchísima suerte, pues al llegar a la puerta de la habitación, a Violeta se la estaban llevando.

- ¿¡Chiara!?.- pregunto sorprendida.- Yo lo siento por lo que te dije...- empezó a hablar pero yo la detuve.

- Vio, después hablamos de eso. Ahora tienes que traer a nuestro hijo al mundo.- le dije mientras le dejaba un beso en la frente

Violeta me sonrió pero le vino una contractura; los celadores al ver su mueca empujaron rápidamente la cama para bajarla al paritorio.

Al llegar y mientras colocaban a Violeta, me dieron la indumentaria para entrar en la sala. Mientras me colocaba la bata me encontré con María.

- ¡Chiara!.- dijo sorprendida.- Pensé que no ibas a venir.

- Pero al final si.- dijo con una media sonrisa.- ¿Cómo esta Eric?, me han contado que no esta bien colocado.

- Así es, viene mirando para donde no es.- me contesto María.

Yo puse una mueca de preocupación, ¿Y si todo esto había sucedido por el estrés y por lo que nos había pasado?.

- Pero no te preocupes por nada.- siguió hablando María al ver mi cara.- Lo tenemos todo bajo control, en el caso de que Violeta no pudiese, le realizaremos una cesárea, pero no vamos a dejar que ninguno de los dos sufran.

Y aunque me quede mas tranquila, todavía quedaba esa inquietud en mi.

- Y ahora alegra esa cara, que dentro de muy poquito vas a ser madre.- me dijo María con una sonrisa.

María llevaba razón, no había porque alarmarse, solo quedaba el ultimo empujón, y yo solo podía irradiar mas felicidad porque hoy me convertiría en madre con la persona que mas amo en este mundo.

Cuando entramos al paritorio, no dude en acercarme a Violeta para agarrarle al mano.

- Chiara, tengo miedo.- me confeso Violeta.

- No va a pasar nada, yo voy a estar a tu lado, no me voy a separar de ti nunca.- le dije dándole un beso en la frente, que aunque estuviese algo sudada, no me importaba, pues sabia que mi gesto la iba a calmar.

- Muy bien Violeta.- dijo el medico.- Cuando te venga la siguiente contracción, tienes que empujar fuerte, ¿vale?

Cuando vino la contracción, Violeta se puso a empujar con todas sus fuerzas mientras yo le daba palabras de animo.

Llevábamos 20 minutos de empujes en los que parecía que no había ningún avance hasta que finalmente el medico dijo...

- ¡Ya le veo la cabeza!.

Mire a Violeta con una sonrisa, ya quedaba menos.

El medico le volvió a pedir a Violeta que cuando tuviera otra contracción empujara. Y así hizo, cuando le vino la contratación volvió a empujar mientras yo la apoyaba.

- Muy bien, amor. Ya queda muy poco. Lo estas haciendo muy bien.

Luego de otras 15 minutos muy largos, el doctor anuncio...

- Ya casi lo tenemos. Violeta, necesito que cuando te venga otra contracción empujes con todas las fueras que tengas, el pequeño ya esta aquí.

- Kiki, no puedo mas.- dijo Violeta cansada y con los ojos aguados.

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