Al menos no fue mucho tiempo hablando con el postre final...
Incluso se me hizo extraño, esperaba una disculpa cargada de lástima, o un ¿Por qué no me lo dijiste? Pregunta que sería irónica porque se lo intenté decir en innumerables ocasiones.
Corrección, se lo dije, pero él no escuchó.
O más bien no creyó en mí.
—Solo estoy aquí para confirmar que estés bien. Y ya que lo veo, quedo tranquilo. Lamento si te incomodé con mi presencia.
Asentí con la cabeza, manteniendo la mirada abajo, sintiendo la suya clavada en mi, intensa, penetrante.
No es la primera vez que me veo envuelta en esta situación de fastidio frente a Sean, nuestros encuentros siempre han sido así. Incomodos, como un ciclo vicioso, en donde quedo acorralada.
Pero esta vez es un poco diferente o no se si lo siento de esta forma por la confusión de volver a la realidad. Realidad en la que tenemos cosas por hablar, la realidad en la quiero que en este instante me abrace, me refugie y me consuele por todo.
Eso grita mi corazón.
Pero mi cabeza, mi uso de razón solo desea que cruce la maldita puerta y se vaya.
Me pregunto qué estará pasando por su mente, si él se siente igual que yo, con la urgencia de tenerme cerca, de sentirme.
O solo soy yo.
Con esta sensación de necesidad.
Con esta necesidad de aventarle un silla contra su cabeza.
El silencio se hizo eterno, la atmósfera sofocante y consumidora.
—Descuida.
Hablar fue como cortarme la garganta. Porqué quería decir más, mucho más que un simple descuida.
Quería reclamarle y hacerlo sentir mal.
O Pedirle un abrazo.
Él no dijo nada, y yo solo podía fijar los ojos en el pelaje de venus, que vaya que era divino, muchos colores eh, blanco, negro y amarillo. Excelente combinación eh...
Divina.
Pues mucho más de lo que parecía. Al poner tanta atención con tal detalle que ya me empezaban a doler los ojos y veía destellos blancos.
Camille, se de mente fuerte y no alces la mirada. Mente fuerte. Mente Fuerte. Mente...
Ay ya qué.
Elevé la mirada, soltando el aire por la nariz, ese que llevaba rato conteniendo, quién sabe desde que momento.
Sean estaba ahí, obvio, ni modo que fuese una ilusión apoyado contra la pared, con la mitad de su cuerpo recostado, con esos ojos intensos clavados en mi.
Una diminuta curva se formó en la comisura de sus labios, una sonrisa sutil. Sus ojos recorrían mi rostro con tal detalle que mis vellos se erizaron, sin necesidad de tocarme. Como si su mirada pudiera hacerlo.
Desvié la mirada. Sentí cómo él se enderezaba.
—Este idiota, ya tomó el tiempo necesario, así que me iré. — Hablo divertido, con una pequeña risa escapándosele— Duerme bien, Camille.
Se inclino un poco hacia mí.
Lo mire con los ojos abiertos, con el corazón retumbándome hasta los oídos, llene mis mejillas de aire al ver como acerco una mano, posándola sobre la cabecita de Venus, para acariciarla, quien ronroneo feliz bajo su toque.
Yo haría lo mismo...
Shhhhhhh conciencia de mierda.
Sean sonrío, de verdad esta vez, dejando sus perfectos dientes a mi vista, lo tenía tan cerca, que el miedo de que fuese capaz de escuchar mis latidos hizo que el calor me subiera hasta la cara.
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Polos Opuestos
Teen FictionNo éramos iguales en ningún tipo de aspecto. Nuestros caminos eran distintos. Pero llegaban al mismo destino. Porque fuimos hecho el uno para el otro. Como dos piezas que encajaban a la perfección. MILKELIS, 2021 PRIMER Y SEGUNDO LIBRO
