La cruda relidad de Camille
Las pesadillas siguieron. Se aferraron a mí como sombras vivas. Cada vez eran peores. Cada vez más reales.
Revivía cada golpe. Cada manipulación. Cada abuso.
Cada caricia con sus asquerosas manos sobre mi cuerpo y sin autorización.
Su risa cruel se filtraba en mi mente apenas cerraba los ojos. Como un eco que nunca se apagaba, haciéndome despertar de golpe, encogida en la esquina de mi cama, temblando de miedo, con la ansiedad consumiéndome.
Cuando la luz desaparecía, su silueta emergía de la oscuridad. Podía verlo acercarse.
Por eso, las luces permanecen encendidas hasta el amanecer.
Tres noches sin dormir.
Tres noches con los ojos abiertos, con miedo a lo que vería si los cerraba, con el miedo de revivir todo, de nuevo.
Café. Bebidas energizantes. Azúcar. Todo lo que pudiera mantenerme despierta, era lo que consumía apenas el sol se ocultaba.
Miro el reloj. 6:00 a.m.
Me obligo a ponerme de pie, con los músculos rígidos, el cuerpo pesado.
Empiezo a recoger, los cinco vasos de café vacíos, las diez latas de bebida energizante, la caja de donas arrugada. Todo va dentro de una bolsa negra.
Salgo de mi habitación con pasos cuidadosos, encendiendo todas las luces.
Si Gabriela o Lía me ven, me harán preguntas, de lo que saco en esta bolsa. No quiero preguntas. No quiero nada.
Camino rápido hasta la cocina, mezclando mi basura con la de ayer. Mis manos tiemblan. La paranoia me ahoga.
Siento que alguien me observa, me giro rápidamente, nadie, nadie...
Agarro mis llaves y salgo del departamento con la bolsa en la mano. Me meto en el elevador y bajo hasta la planta baja.
Al salir, Will me encuentra. Su sonrisa brilla como si el mundo no estuviera desmoronándose.
Como si el mío estuviera en orden.
Como si me alentara a vivir.
Cosa que me pienso todo los días.
—¿De nuevo madrugando? —pregunta con amabilidad.
Intento responder, pero las palabras se me enredan en la lengua.
—S-sí —murmuro, sintiendo cómo mi cuerpo sigue temblando. —Sacaré la basura para ir hacer ejercicio —mentí.
—Excelente hábito. Con cuidado .
Le devuelvo una sonrisa falsa. Una más para mi colección.
Sigo mi camino hasta el callejón donde está el contenedor de basura. Arrojo la bolsa y, en cuanto mis manos quedan vacías, mi cuerpo se rompe.
El temblor se intensifica. La respiración se me corta. Me inclino, apoyando las manos sobre mis rodillas, mientras las lágrimas empiezan a caer.
No puedo detenerlas.
No puedo detener nada.
El llanto me sacude entera. Siento que mi pecho va a estallar. Intento calmarme, pero no hay forma de contenerlo.
Levanto la mirada, con los ojos empañados. Respiro hondo. Tengo que recomponerme.
Siempre he podido con todo.
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Polos Opuestos
Novela JuvenilNo éramos iguales en ningún tipo de aspecto. Nuestros caminos eran distintos. Pero llegaban al mismo destino. Porque fuimos hecho el uno para el otro. Como dos piezas que encajaban a la perfección. MILKELIS, 2021 PRIMER Y SEGUNDO LIBRO
