—Dime nuevamente ¿Por qué en nombre de todos los orgasmos en el mundo debemos levantarnos un domingo a las seis de la mañana?
—Porque, mi querida Taylor, hoy es el día de las exhibiciones de la Aeronáutica Civil y debemos ir a recrear nuestros hermosos ojos con todos esos hombres musculosos. —argumenta Donna, halando las cobijas de Taylor. Mi amiga no es nada madrugadora.
—No me interesa, no quiero ir. —refunfuña halando su lado y tratando de regresar a su cama.
—Claro que iras, te dejaré conducir mi auto —Me rio ante la expresión de Tay. Donna ha dado en el clavo.
—¡Eso no es justo!—grita indignada, en medio de sus sabanas—. ¡No metas a Stanley en esto!
—Tú veras... —murmura Donna y se encoje de hombros. Suelta la cobija y se sienta junto a mí.
—Perra, eres una maldita manipuladora. Vas a dejarme conducir el auto de ida y regreso... ¡a la velocidad que me dé la gana! —Tay sale volando hacia el baño.
Donna termina de vestirse en nuestro cuarto, lleva un jean negro con una camisa por encima de su ombligo y botas de combate. Aplico mis cremas y loción de cuerpo de coco, uso mis jeans favoritos —ajustados con unos agujeros en la rodillas— una blusa de tiras blanca con encaje en el busto y mis converse verdes. Como sé que más tarde hará frío, decido llevar mi cazadora café.
—Estoy lista —Mi boca se abre totalmente, cuando veo que significa el "estoy lista" de Tay. Creo que caí en 1950, lleva un short y top a juego de flores rojas y blancas, con unos enormes lentes rojos y una pañoleta en su cabeza. Sus labios son de un fuerte rojo y lleva tacones altos rojos.
—Tay no creo que... —Empiezo, pero soy interrumpida por su asesina mirada.
—Cállate T, te lo he dicho mil veces, primero muerta que sencilla.
—Está bien... después no te quejes. —Ahogo un suspiro y camino fuera de la habitación.
Bruno quien también nos acompañara está esperando en la entrada a los dormitorios.
—Caray chica, eres un peligro para esos pobres hombres hoy. ¿Estás de ataque o de infarto?
—Las dos —responde Tay sonriendo y es la verdad, o será atacada por los hombres o les dará un infarto.
—Chica, compadezco al hombre que se atreva a acercarse a tu cueva —bromea nuestro amigo.
—Prometo no arañar hoy —murmura con una sonrisa traviesa.
—Bien. Celeste preciosa, toma —Me entrega un café calientito.
—Oh mi baby, que hermoso, gracias cariño. —Tomo la bebida y sonrío como lela.
—Uhmm no me agradezcas a mí, en realidad el café es de parte de otra persona. —Ahora es él quien sonríe con traverusa.
—¿Uh? ¿De quién? —No se me ocurre nadie.
—Bueno, cuando iba pasando por el café Ginna me llamó, al parecer alguien, probablemente tu jugador de baloncesto, pagó por tu café por el resto del mes... y también, ordenó que te fuera entregado siempre, no importa donde estés. Así que aquí lo tienes querida.
—¿Me estas jodiendo? —grito.
—Cariño, así no fuera gay, no jodería contigo eres como mi hermana y eso del incesto no va conmigo.
—No seas imbécil —gruño—, sabes a que me refiero.
—No, no es broma. Darren Barker te está invitando tu café por los próximos veintiocho días, y no creas, paga bien.
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Tu Plato De Segunda Mesa
RomanceDarren Barker es el hombre al que amo, pero él ama a otra. ¿Qué hago yo al respecto?... ser la mujer a la que acude cuando Daisy Brook rompe su corazón. Sé que está mal, sé que me usa, pero no puedo decir que no. Soy adicta a él, lo amo como no he a...
