El martes fue lento, lento en las clases y lento en el trabajo. Pensar en Darren y en su beso tampoco ayuda mucho y menos el que estuviera enviándome mensajes todo el día, preguntando cómo estaba o qué estaba haciendo.
Darren: ¿Estás pensando en mí?
Dios, pero ¿qué come, que adivina?
Yo: Nop, estoy demasiado ocupada trabajando como para perder el tiempo contigo.
Darren: ¡Auch! Eso duele, has herido mi corazón. Y yo aquí pensando en ti, en tu boca y en las muchas cosas que quiero hacerle...
Cristo Resucitado
Yo: Darren...
Darren: ¿A qué hora terminas tu turno?
Yo: Salgo en una hora
Darren: perfecto, en media hora estoy ahí. ¿Tienes un abrigo?
Yo: ¿¿?? Sí tengo uno. ¿Por qué vienes?
Darren: Quiero que me acompañes a un lugar. Nos vemos.
¿Quiere que lo acompañe a un lugar?
—Celeste la mesa seis ya terminó.
—Lo siento Cecci, estaba un poco distraída.
—Ya lo creo piccolo.
Me dirijo hacia la mesa seis para cerrar la cuenta y limpiarla, la pareja de ancianos me sonríe y veo sus manos juntas y aferradas a la otra, son tan tiernos que me provoca apretarles los cachetes a ambos. Son clientes regulares, Cecci dice que llevan casados más de cuarenta años, sus hijos se marcharon, pero ellos siguen en su idilio de amor. Además, dejan buena propina.
—Lamento mucho la tardanza ¿Desean algo más?
—Muchas gracias, hermosa jovencita. Nos encantaría algo de postre, pero debemos controlar nuestro nivel de azúcar. La vejez no llega sola —dice el tierno señor, con una linda sonrisa.
—Ah no se preocupe, tenemos unos deliciosos postres con endulzante natural. Traen una pequeña cantidad y es recomendable para las personas diabéticas. Son deliciosos —menciono. Voy hasta el mostrador y tomo dos magdalenas. Las empaco en su respectiva bolsa y se las entrego—. Son cortesía de la casa.
—¡Oh, pero qué maravilla! Es usted un encanto. —La señora me sonríe y toca mi mano con la suya—. Que buen corazón tienes.
—Ustedes son unos buenos clientes, hay que consentirlos de vez en cuando —digo, correspondiendo la sonrisa.
—Cuánta razón tienes muchacha —está de acuerdo el señor.
—Si desean algo más me lo hacen saber por favor.
Mientras asienten con sus cabezas y devoran mis magdalenas reviso mis otras mesas y atiendo a mis otros clientes.
—Estoy rendida —dice Tay mientras cerramos y despedimos a nuestros últimos clientes.
—Ha sido un día lento. —Levanto una ceja. No tuvimos mucho ajetreo hoy.
—Lo sé T, esos son los peores. Me cansan mucho más. Prefiero el correteo y el lugar ruidoso.
—Sí, te entiendo —Tomo la propina de la mesa de la pareja adulta y... —¡Mierda!
—¿Pasa algo?
Asiento con mi cabeza mientras miro la pila de billetes que dejaron.
—Eso es mucho más de lo que puedo recibir.
—¡Carajo! —exclama Tay, observando con asombro la más que generosa propina—. Pero ¿qué fue lo que les diste? Debieron estar muy complacidos para dar semejante propina
ESTÁS LEYENDO
Tu Plato De Segunda Mesa
RomanceDarren Barker es el hombre al que amo, pero él ama a otra. ¿Qué hago yo al respecto?... ser la mujer a la que acude cuando Daisy Brook rompe su corazón. Sé que está mal, sé que me usa, pero no puedo decir que no. Soy adicta a él, lo amo como no he a...
