Un día después de la muerte del policía.
La pelirroja se dirigió hacia la estación, podía observar a todos bastantes alarmados por el incidente.
Todos vestidos de la misma manera; uniforme azul de la cabeza a los pies, con un cinturón de color negro en donde ubicaban sus armas de fuego y una gorra del mismo color que todos sus trajes. Sin embargo, tenían diferentes reacciones: Algunos se dedicaban a charlar, como si aquello fuera el chisme más interesante de sus vidas. Un tipo se encontraba llorando descontroladamente. Otros lo miraban con expresiones tristes, débiles. Había uno, solamente uno que portaba lentes y hacían llamaban al teléfono repetidas veces, se acercó hasta estar lo suficientemente cerca como para poder escuchar lo que decía.
—Oh nena, parece que hubo un tiroteo y por lo tanto un homicidio cerca del pueblo. Ha muerto un compañero mío, Isamu se llamaba... Quiero que entiendas porqué razón no podré volver hoy a casa—golpeteaba su zapato contra el suelo mientras rascaba el bigote blanco con su mano libre.
Aseguraban que falleció en un tiroteo fuera del pueblo, pero, ¿cómo?
Ishi lo vio, habló e incluso lo tocó. Ella lo había visto asesinado frente a sus ojos, entonces...
¿Cómo era posible que todos creyesen que él se fue?
¿Cómo era posible que todos creyesen aquella mentira?
¿De dónde había salido?
Dudas, extrañezas... No lograba entender.
«¿Gracias a quién fueron notificados de esta mentira? ¿Quién está mintiendo sobre la muerte de Isamu?» Miraba con el ceño fruncido la situación.
Solamente se encontraban especulaciones.
«Un día después de su asesinato, en donde el culpable es mi hermano (un tipo de otro mundo) ... Algo tiene que ver la asesina loca con esto, si no, ¿quién más?».
Nadie encontraba el cuerpo, por lo tanto, decidieron no hacer más llamadas.
Era un caso que quedó inconcluso para las autoridades. Nadie preguntó nada más, solamente lo creyeron.
Salió de allí lo más rápido que podía, sus sentimientos no la dejaban ver lo que seguía de la farsa creada por... una incógnita.
Sus pies la llevaron directamente al club. Dio un paso, luego otro, y otro... abrió la puerta y observó el lugar; estaba frío, desolado, sin color. Solamente se encontraba ella con sus recuerdos. La pelirroja miró aquel lugar ahora irreconocible para sus verdes pupilas.
Antes era su refugio...
En ese momento era el club.
Rememoró el día en que entrenó hasta media noche para sacar sus pensamientos intrusivos, sola. Isamu llegó con su guitarra y un par de consejos para dar.
Cada una de sus palabras le hacían recordar a un sabio.
A Hiroshi.
Aquel viejo que nos enseñaba a escribir, leer, contaba historias y, principalmente nos enseñaba a sobrevivir.
Recuerdo el día que Hiroshi nos hizo caminar kilómetros y kilómetros hasta no dar más. Día y noche sin parar. El viejo no se cansaba, incluso con unos añitos de más.
—¿A dónde vamos? —pregunté ese día luego de caminar al menos doce horas, teníamos un tiempo libre, pero nos relajábamos un momento y ya estábamos de vuelta con la caminata. Era agotador.
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OTRO MUNDO
FantasíaKasumi está acostumbrada al orden: a entender las reglas, a vivir en silencio, a sostenerse en una rutina que no la compromete demasiado Pero todo cambia cuando una chica aparece en su vida de forma inexplicable, arrastrando consigo un aura extraña...
