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—¿Que yo sé a dónde se dirigió? Entre todos mis recuerdos es imposible que...—salían de la cueva, y en el ambiente parecían haber más preguntas que respuestas.

—Podrían ser lugares importantes para Ishi. —ofreció como ayuda Arata.

—¿Un lugar importante para...? —No habló por varios segundos hasta que algo vino a su mente—. ¡Su anterior hogar! Allí empezó todo, ella querrá terminarlo allí, lo presiento.

—Eso es interesante... Podría ser, pero, ¿dónde queda su anterior casa? —preguntó Michiko inquieta.

—Es un arduo camino...

Tenían una idea de hacia dónde ir, pero no de cómo guiarse.

Un estruendoso sonido se escuchó cerca de ellos. El dragón de escamas doradas salió volando de la cueva, destruyéndola en gran parte, solo dejó un pequeño lugar: en donde estaba el anciano con el que habían hablado anteriormente. Aterrizó a metros de los adolescentes que hace unos instantes estaban buscando soluciones para sus problemas.

Se veía mucho más gigante que cuando estaba dentro de la cueva; parecía medir cerca de cincuenta metros, era tan enorme que podrían confundirlo con montañas fácilmente.

Quizás no tan arduo. —Apoyó todo su cuerpo en el suelo y los miró con sus ojos celestes—. Súbanse, los llevaré.

—¡Wow! ¿Qué? Claro que quiero subir a tu bello lomo—era Arata asombrado por la hermosura de bestia que tenía frente a sus ojos.

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—Hijo, eres lo único que me queda, necesito que te hagas cargo del lugar mientras yo termino con esto.

—¿Y si te pasa algo?

—Cierra esa boca, muchacho. Soy una Diosa demasiado fuerte, más que tú y tus hermanos, no moriré.

—Pero...

—Suficiente tuve con el mundo humano como para que siga derrumbándose todo lo que me importa. Acabaré con esto.

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El viento se sentía fuertemente en sus rostros, era difícil agarrarse de aquellas ásperas y doradas escamas. Aun así, no podían concentrarse solamente en no soltarse; algo los intrigaba, los tres tenían dudas acerca de toda la ayuda recibida por el dragón.

—¿Por qué nos ayudas? ¿Un dragón ayudando humanos? Hay algo detrás de esto, ni siquiera sé cómo fui capaz de subir a tu lomo sin ninguna queja de por medio.

Oh, cabellos color cielo...No los ayudo solamente a ustedes; hay tratos que los Dioses están rompiendo. Si van a intentar matar a Rachel, yo estoy con ustedes. Los humanos son ingenuos, no saben absolutamente nada de los Dioses, pero es esencial que dejen de interferir en los sucesos de los mortales.

—¿Dioses? ¿De qué hablas? ¿Quién es Rachel? ¿Qué...? —Kasumi no podía parar de encontrar preguntas.

Cálmate. Entiendo que esté en peligro tu amante, no obstante, hay más cosas en juego. Solo responderé a lo necesario, los humanos no pueden saber tanto sobre ellos ...

» Los Dioses son seres que nunca envejecen; a partir de los veinticuatro años humanos seguirán igual físicamente. Tienen poderes, supongo que ya se habrán dado cuenta luego de combatir contra dos. —Un sonido ronco se dejó oír, este parecía una pequeña risa—. Ellos viven en otro ¿mundo? Me parece que así lo llaman... Tienen reglas; saben que no pueden interferir aquí casi de ninguna forma...

OTRO MUNDODonde viven las historias. Descúbrelo ahora