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—¡Ishi! ¡Abre la puerta!

No importaba cuantas veces golpeara, ni repitiera a gritos que abriera la puerta. Nadie estaba del otro lado. Su padre estaba trabajando, y la pelirroja ya no se encontraba allí.

«¿Qué es lo que planea? ¿Por qué no puedo acompañarla? ¿A dónde quiere...?» en ese momento se dio cuenta de lo que quería hacer la adolescente.


—Estoy de vuelta en este salvaje mundo—caminaba lentamente pisando el césped húmedo, observando los paisajes montañosos llenos de árboles, con el viento que la hacía sentir otra vez la depredadora más grande de aquel bosque. Se sentía libre; no tenía responsabilidades, ni tampoco a quien amar, por lo tanto, no tenía a quien proteger. Solamente era ella y el viento golpeándole en el rostro.

Sabía que no sería así por siempre, no sería libre hasta que acabe con esto.

Caminó horas esperando a que algo o alguien apareciese, pero nada ni nadie se acercó. Llegó la noche, era hora de comer. Buscó hasta encontrar a una presa; halló a una quimera. Esta era mitad serpiente, mitad león según lo que dicen en el mundo donde estuvo un año entero. Agarró la cola con forma de serpiente y la revoleó por los aires, soltó a la bestia y se estrelló contra un árbol. Antes de que la quimera pudiera recuperarse de aquel impacto, Ishi cortó su cabeza con el filo de su mano.

—Gracias por morir, disfrutaré cada parte de tu ser y usaré tu fuerza para lograr mis objetivos. —hizo una reverencia al cadáver de la criatura y luego lo agarró.

Caminó por unos minutos buscando madera, y luego de encontrar unas cuantas se sentó debajo de un árbol. Armó una fogata con ramas, piedras y hojas secas que se encontraban en el suelo y luego agarró una pequeña rama y una piedra para generar fuego. Cuando las llamas empezaron a surgir, agarró el cuerpo de la quimera que había cazado y la incrustó en un palo. Su cuerpo que se ubicaba arriba del fuego iba asándose poco a poco.

Mientras esperaba, su mente la llevó a recuerdos en donde la comida no estaba lista, pero tenía compañía para disfrutar de la espera:

—Luka, ¿cómo cazaste esta bestia tan grande? —preguntaba Johari a su hermano mayor, impresionada.

—¡Le clavé estas garras en su cuerpo y con eso logré matarla! Se llama quimera, ¿sabías?

—¡Qué bonita! Es rara.

—Lo es—dijo Bermont sonriendo.

De un pequeño recuerdo cambió a un pensamiento, a usar su imaginación combinada con dolor:

—Ishi ¿Comerás esto?

—Tú también deberías hacerlo.

—Es... extravagante.

—Lo es. —Sus lágrimas empezaron a salir, sabia con claridad que esa charla nunca existiría, que nunca más volvería a ver a su amigo.

—No llores. Solamente elige el camino que quieres tomar.

—Eso es algo que dirías, Isamu.

Bajó la mirada, con lágrimas en los ojos y pudo ver la jugosa carne que estaba frente a ella.

«Ahora solo te tengo a ti, pedazo de bestia muerta. Te saborearé hasta que mis papilas gustativas queden sin una pizca de deseo hacia tu cuerpo» pensó mirando a la carne con ansias, y luego sacó una pata de quimera para llevarla a su boca. Saboreó una y otra vez, mordió hasta que su mandíbula doliese.

«Soy una bestia, solo me importa comer y matar. No siento nada más que deseo por mi vida de cazador» así debería ser, solo pensar en matar y nada más, pero por más que se lo repitiera una y otra vez sabía que sentía remordimiento, empatía, dolor, tristeza, miedo, dudas, odio y más que nada, sentía amor. Derramó lagrimas mientras saboreaba con rudeza a la criatura que asesinó y miraba a la luna que brillaba entre tanta oscuridad. Cuando solamente quedaron huesos, y su barriga estaba completamente llena, es que cerró sus ojos para intentar lograr despertar al otro día.

En el otro mundo Kasumi había llamado a sus amigos para que la liberasen de su propia casa. En aquel momento se encontraban Kasumi, Arata y Michiko buscando a la pelirroja por todos los lugares posibles.

—Ishi volvió a su mundo, debemos saber cómo.

—¿Cómo sabes eso, Kasumi? —le preguntó el chico castaño a la pelinegra.

—Simplemente lo sé...

—¡Eso no es una respuesta! —gritó la joven más baja con furia.

—Háganme caso, sé que no está aquí.

Caminaban bajo el cielo nocturno buscando una entrada al mundo salvaje de la pelirroja. Cuando los jóvenes estaban por tomarse un descanso es que Arata pudo divisar gamas de morados que se encontraban dentro del bosque que rodeaba el pueblo.

—¡Miren! —señaló hacia el relampagueante brillo—. Tiene que ser Ishi...

Corrieron hacia allí y hallaron un portal.

—¡Es el portal que soñé aquella vez! —Sin pensarlo, Kasumi puso su pie derecho dentro de aquella serie de tonalidades, sintió como era absorbida cada vez más hasta adentrarse completamente. Sus amigos la siguieron. Y cuando pasaron por las gamas de morado se encontraron con un bosque, era de noche, solamente podía verse la luna entre tanta oscuridad.

OTRO MUNDODonde viven las historias. Descúbrelo ahora