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—Que decepción, tu madre murió a manos de mortales. No me voy a hacer cargo de sus estupideces— dijo Ares "el Dios de la guerra" enojado mientras cruzaba sus brazos fornidos.

—¡Padre, no! —suplicó su hijo mientras se arrodillaba frente a él.

—Hijo, sí. Eres débil, ¿qué haces suplicándome? —Largó una risita mirando al adolescente. Agarró un cuerno de al menos treinta centímetros y sopló, haciendo que este suene en todo el mundo de los Dioses.

—¡No, por favor no! —Agarró las piernas de su progenitor con fuerza esperando no soltarlas.

Llegó Zeus apenas escuchó el sonido.

—¿Qué urgencia hay, Ares? —preguntó acariciando su blanca barba.

—La Diosa Rachel, y sus hijos interfirieron en el mundo de los mortales. Murieron todos excepto este niño, debe pagar por lo que hizo su familia. —Sacudió su pierna brutalmente haciendo que el joven se suelte.

—"Si interfieren en el mundo mortal deben ser castigados con la muerte".

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Cayó al suelo.

Corrí hacia ella con el fin de hallar esperanza, y me encontré con esa mirada sin brillo en sus ojos, como si volviéramos al principio de nuestra historia, en donde aquella salvaje quería ocultar sus emociones... No obstante, estábamos en el final: uno en donde ella poseía esa gran sonrisa que no la caracterizaba en lo absoluto y sin embargo se sentía tan sincera. Esa sonrisa brillante que anhelaba ver, pero no en esas circunstancias. Sus ojos se habían apagado, ya no por traumas, si no por muerte.

Su muerte.

—¡Ishi! ¡Ishi! ¡No puede ser tu fin! —Mis lágrimas caían, desesperadas por salir con cada vez más intensidad. No podía ser verdad.

Arata y Michiko llegaron después de mí. Deberíamos estar alegres haber terminado con la "asesina loca", pero no, no lo estábamos en lo absoluto.

—Debería haberte dicho que lo sentía...—Arata lloraba a mis espaldas con cada vez más intensidad; él estaba sufriendo con la culpa y el dolor a la vez.

Michiko, por el contrario, no dijo nada, simplemente se desplomó en el suelo mientras su rostro era cubierto por sus manos.

No podía permitir que esto sucediera, algo debía hacer.

Agarré mi talismán e intenté concentrar mi energía en él con el fin de devolverle a Ishi la vida. El anaranjado artefacto rodeó el cuerpo de mi pelirroja hasta iluminarlo. Sus ojos brillaron una vez más mientras la luz formaba parte de ella.

Una niña se proyectó en la luz del talismán; parecía una pequeña guerrera, como Ishi, pero tenía ojos azules y cabello rubio.

—Si se quedan aquí, morirán, e Ishi lo sabe. —La niña abrió un portal, uno para devolvernos a casa.

—¡Ishi tiene que volver con nosotros! —grité desesperada, no podía estar ni un minuto más sin mi pelirroja.

—No puede volver, no se lo permitirán. Estará a salvo conmigo. —Largó una gran sonrisa.

—¡No! Tráemela de vuelta. —Intenté acercarme al cuerpo de Ishi, sin embargo, la niña detuvo mis movimientos con el poder del talismán.

—Ishi fue la portadora del talismán, no tú. Antes de ella lo fui yo, por eso estoy aquí. Ishi no puede volver, ustedes pueden salvarse si se largan.

—¡No! ¡No quiero una vida sin ella!

El cuerpo de mi pelirroja se desvaneció hundiéndose en la tierra junto a la niña. No podía permitirlo; con mis manos empecé a cavar, mis uñas se dañaban con cada ataque que dirigía hacia la tierra.

—¡Vuelve! ¡No!

—Chicas, ¡el portal se está cerrando! —gritó Arata, que me agarró de la muñeca junto a Michiko.

La espada de Ishi llena de sangre se encontraba aún en el suelo. No podía dejar lo último que me quedaba de ella... Solté la mano de Arata para encontrar el arma de mi pelirroja.

—¡Kasumi, vamos! —gritó mi amigo desesperado.

Lo seguí y pasé por el portal junto a ellos.

Ese fue el último regalo que nos dejó.

Observé como las gamas de morado desaparecían lentamente frente a mis ojos. Y en ese momento sentí como mi mundo desaparecía frente a mí...

—Yo también te amo como tú me amas—respondí lo que no pude días atrás, cuando ya no es posible que me escuché. Mi cuerpo no se movía, solamente sentía vacío.

Ella pensaba que volvería...

Aquel último portal me hizo acordar del primero que vi en mi vida. Cada segundo, desde que la conocí me preguntaba lo mismo "¿cómo es que pude soñarlo?". Parece que, entre tantas preguntas en mi cabeza, esa perduraba desde el primer día. El dragón que se hacía llamar "Vincenzo" me lo hizo saber, como si sería la pregunta que más me hacía en ese momento.

Esto que voy a decir solo puedes escucharlo tú, niña piel de nieve.

—¿Por qué solo yo...?

—¿Qué dices Kasumi? —preguntó Arata intrigado.

—Nada, nada...

Cuando la chica cabellos de fuego vino hacia mí, estaba concentrada en una cosa: "matar a esa asesina loca", pero principalmente en protegerlos, y para hacerlo tiene que asesinar a Rachel. Me contó que había descubierto la forma de hacer portales. Sus palabras fueron "Logré viajar hacia aquí gracias a la muerte de Isamu. Él se sacrificó para que pudiese conocer la verdad de los portales, la verdad sobre mis poderes.

» Necesitaría que me digas solo una verdad, solo líbrame de la incertidumbre. ¿Cómo se conectan los portales con la conciencia?" Yo en aquel momento le respondí esto que te diré ahora: Los Dioses para abrir portales en dimensiones deben conectar con alguien. Ese alguien es con quien más tendrá conexión el mortal que pase hacia el otro mundo, ¿me entiendes? Ishi, con quién más conexión tuvo es contigo. Seguramente te preguntarás, "¿y cómo sabe el Dios con quien tendrá más conexión?" Simplemente no lo sabe, sucede. El futuro está escrito por algo inexplicable, algo de los que ni los Dioses tienen un control. Todo lo que pase ya pasó y seguirá pasando en otros mundos.

» Cuando terminé de contarle esto, lo primero que contenía en sus pensamientos era: «Ahora ya sé qué decirle a Kasumi cuando todo termine. Saciaré su duda». Vi su rostro, parecía una niña pequeña con total felicidad. Esa cabellos de fuego me engañó. No quería el conocimiento para saciar su incertidumbre, sino la tuya. —Largó una risa carcajeante solamente en su cabeza—. Me ha engañado. Ahora yo me vengo por hacerme eso, ya te dije lo que ella debería decirte en cuanto todo termine, si es que sale con vida.

Cada vez que vuelvo mi mirada hacia el cielo recuerdo las palabras de Vincenzo mientras recuerdo la muerte de Ishi que pasa por mis ojos una y otra, y otra vez. Ella estaba segura de que volvería con vida... Yo estaba segura de que el amor de mi vida volvería conmigo.

Pero no fue así.

Todavía no encuentro la forma de volver a tierra. Vivo del recuerdo...

Ahora mi mundo se divide en dos.

Ahora que no te tengo a mi lado, me pregunto cada día. ¿Cómo viviré sin ti en este mundo, Ishi?

OTRO MUNDODonde viven las historias. Descúbrelo ahora