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—¡Hijo! ¡Hijo mío! ¡No! —la mujer de rosados rizos cayó al suelo destruida, mientras sus ojos expresaban más que nunca su dolor.
—Cállate mujer—le dijo un hombre robusto, fuerte, alrededor de dos metros treinta, no poseía barba, no obstante, tenía sus cabellos largos y negros hasta los hombros.
—¡Mataron a tu hijo, Ares!
—Tú te lo buscaste, sabes que no deberíamos interferir en su mundo, ¿cierto? Así que su muerte fue tú culpa. Si sigues así te matarán aquí y lo sabes.
—¿¡Ni siquiera estás para mí, y esperas que siga tus ordenes de mierda!?
—Cállate escoria. —Con una expresión de dureza en su rostro, el palmar de su mano aterrizó en la mejilla de la mujer de cabellos rosas, y su piel blanca se enrojeció por el impacto—. Sabes bien que tengo miles de mujeres y tú no eres una de mis prioridades. Haz lo que quieras, pero no me haré cargo de las cosas que ocasiones, aunque eso finalice con la vida de mi sangre; eso les pasa por débiles. No puedo creer que una... mate a mis descendientes. —Su rostro dejó de observar a la mujer en el suelo, para dirigir la mirada a su último hijo vivo que tuvo con esta mujer—. Si peleas, más te vale ganar, o disfrutaré tu muerte, hijo.
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La pelirroja luego de tanto tiempo se volvió a colocar su pantalón de cuero; su camisa blanca que ya no estaba manchada con sangre ni suciedad; arriba de esta se puso su chaleco y en sus pies utilizaría sus botas, que las dos hacían juego con el pantalón; ató su cinturón azul alrededor de la cintura; y agarró su espada que en este momento solamente era un pequeño trozo de metal capaz de entrar en su bolsillo.
Al terminar de cambiarse, tomó el talismán que se ubicaba en el escritorio de su compañera de habitación y se lo entregó en sus delicadas manos.
—¿Por qué te vistes así? ¿Qué harás?
—Gracias.
—¿Por qué?
—Porque me cuidas como nadie. Me gustaría que me cuides un tiempo más.
—Siempre lo haré.
Ishi escuchó esas palabras que podrían ser verdad en un futuro, sin embargo, no era el momento para que la proteja.
Sonrió mientras la observaba; a aquella adolescente capaz de hacer brillar sus ojos, su alma. La que la hacía sonreír en los momentos buenos y también malos. Ella era capaz de hacerla sentir segura con aquel cuerpo tan frágil; llegó un punto de su vida donde supo que aquel cuerpo frágil podía hacer más de lo pensado si se trataba de protegerla, era capaz de luchar contra bestias, era capaz de hacer cualquier cosa.
—Te amo, Kasumi. Nunca olvides que te amo. Haré todo lo posible para hacerte sentir amada, solo espérame.
—¿Ishi...? ¿Qué cosas estás diciendo?
—Que debo irme, pero volveré a verte. Te lo prometo—pronunció aquellas palabras, sonriendo levemente y luego la abrazó delicadamente.
—No mientas...—Se aferró a su cuerpo con fuerza, esperando a que aquello sea una broma, pero la pelirroja rara vez bromeaba.
—No miento. —Subió sus manos para agarrar su cabello negro con la misma delicadeza que la abrazaba hace unos segundos, y le obsequió un casto beso en la frente—. Cuando te vea de vuelta, ¿corresponderás mi "te amo"? —No esperó respuesta solamente se alejó de la pelinegra.
—¡Ishi, no! —la agarró del brazo con fuerza, aferrándose a ella.
—Si Kasumi, sí. —quitó su brazo bruscamente, rompió el picaporte usando una pequeña parte de su fuerza y cerró la puerta.
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OTRO MUNDO
FantasíaKasumi está acostumbrada al orden: a entender las reglas, a vivir en silencio, a sostenerse en una rutina que no la compromete demasiado Pero todo cambia cuando una chica aparece en su vida de forma inexplicable, arrastrando consigo un aura extraña...
