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«Nadie volvió a juntarse en el club luego de ese día. Arata y Michiko no volvieron a hablar con Ishi, por lo tanto, yo tampoco volví a hablar con ellos. Todavía no sé si considerar a esta mi discusión o una pelea entre los tres, aunque en realidad sería una pelea entre Michiko e Ishi.» pensaba la pelinegra mientras caminaba por los pasillos de la escuela, viendo a los que consideraba sus amigos, pero a veces se preguntaba si lo seguían siendo, si de verdad lo fueron.

«Nunca entenderé la posición en la que se encuentra Arata. No es capaz de ver a los ojos verdes de mi pelirroja. ¿Será por miedo? ¿Enojo? ¿Confusión? ¿Vergüenza? Quizás debería probar hablar con él, para entender que es lo que lo limita a acercarse a Ishi.» pensó luego de verlo pasar junto a ellas mientras hablaba con Michiko. Tenía planeado dialogar con el castaño en algún momento para saber qué es lo que pasaba por su cabeza. Siguió su camino hasta el aula.

La pelirroja estaba demasiado decaída luego de la muerte de Isamu. Y sabía que no era solamente por su entierro, sino también por los amigos que no la estaban acompañando en aquel momento y todo el peso que tenía bajo sus hombros.

—¿Puedes darme la tarea de química? No entiendo nada—ya se encontraban en sus respectivos asientos, Ishi parecía nerviosa. Tocó repetidas veces el hombro de la pelinegra hasta que esta respondió.

—Está bien, pero recuerda que ayer me pasé haciendo las tareas pendientes mientras tú hacías flexiones en mi habitación. —Señaló a la morena en forma de protesta—. Más te vale la próxima terminar tus deberes, ¿entendido? —Kasumi necesitaba que Ishi salga de ese estado en el que se encontraba y sabía que no lo haría entrenando.

Eso solo era la forma de escapar de su interior, no de acabar con el sentimiento de tristeza que portaba hace bastante tiempo.

—Okay, okay...—refunfuñó en un tono bajo.

—Nada de quejarse, nunca haces la tarea—subió su tono de voz un poco para demostrar que estaba enfadada, pero el profesor la calló para poder continuar con la clase.

Pasó la hora de química, y las dos salieron de clase, aunque se dirigieron a distintos lugares.

—Tengo que ir a comprar unas cosas—dijo la pelinegra mientras se separaba rápidamente de su compañera de aventuras.

—Yo te...—contestó, pero la chica de tez blanca había desaparecido de su vista—. acompaño.

Mientras que Ishi se encontraba desconcertada porque no sabía hacia donde ir ya que estaba sola, Kasumi corrió en busca de Arata.

—¡Ya he apuntado demasiado al objetivo! —salía el fornido chico del baño, con rostro de alivio y una pequeña sonrisa.

—Te estaba buscando—lo detuvo la pelinegra con semblante serio. El castaño cambió su expresión a una de confusión.

—¿Qué sucede? —preguntó dirigiendo toda atención a ella.

—¿Dudas de Ishi? —Su rostro no cambiaba, pero su mano estaba ahora agarrando su hombro con firmeza.

—No dudo de ella, pero...—dijo sin convicción. Parecía que seguiría hablando, sin embargo, no lo hizo.

—¿Entonces por qué la dejan sola en esta situación? Vio morir a Isamu frente a sus ojos y tú al igual que Michiko la abandonan...

—¿Y tú no piensas en la hermana del ya muerto Isamu? Es que no te has dado cuenta que ella perdió a la única persona que amaba. Tú solo piensas en Ishi, y tampoco sabes lo que pasó con exactitud así que no confíes ciegamente en...—por primera vez en el rostro de Arata pudo notarse enojo, pero siguió expresándolo libremente.

—¿Y tú quién eres para condenarla? ¿Quiénes somos nosotros para condenar a la única capaz de salvarnos? Tú tampoco te pones en su piel, me imagino que si no hubieras podido salvarlo nadie en este planeta te echaría la culpa, y solamente porque eres un humano común. Tener poder no te hace capaz de todo. —Apretó más su agarre, mientras su mirada penetraba los ojos marrones del castaño—. Michiko no es la única que perdió a Isamu, sabes con claridad que todos aquí quedamos destrozados con su asesinato, por lo tanto, también sabes que Ishi no fue quien terminó con su vida. Ayúdame a unirnos de vuelta.

—Gracias a Ishi es que esto pasó ¿Cuándo entenderás lo que es mejor para el mundo? Tiene que irse, no la retengas más aquí o todos moriremos.

—¿Su amigo que pensaba que era grandiosa con cada hazaña que lograba ahora dice que es un peligro? Vamos, que buen amigo eres. Cuando recapacites y te des cuenta de lo que estás diciendo, vuelves, me cansé de escucharte. Isamu nunca hubiera querido que Ishi se vaya, y lo sabes. —Kasumi le dio la espalda al instante, no le gustaba las cosas que estaba escuchando de alguien a quien le había agarrado cariño. Se preguntaba si Michiko pensaba igual.

La pelinegra caminaba frustrada por los pasillos de la escuela. Empujaba a todo ser que se metiera en su camino, incluso a la única persona que era más bajita que ella.

—¡Michiko! Tú también viniste a estorbar seguramente—dijo bruscamente la más alta de las dos, mientras la veía con molestia.

—¿De qué hablas? —la adolescente de pelo celeste no lograba entender a qué se refería.

—Seguramente hablaste hasta el cansancio de cómo hacer que Ishi se vaya de aquí, ¿verdad? —Todos a su alrededor frenaron para escuchar de lo que hablaban.

—¡Claro que no! Discutamos sobre esto en otro lugar. —La agarró de la muñeca con fuerza y se dirigieron fuera del establecimiento. Parecía de alguna forma ansiosa por hablar con la pelinegra—. Deja de decir ridiculeces frente a toda la escuela, luego saldrán rumores absurdos. Dime qué es lo que me reprochas a la cara.

—Acabo de hablar con Arata y me dijo cosas horribles de Ishi. Tú y el seguramente hablaron sobre el tema.

—No, no quise hablar sobre... con él. No quise hablar con nadie hasta ahora. Parece que debo enfrentar al monstruo pelirrojo lo antes posible...

—¿Qué le dirás? No la hieras más de lo que está. —el tono de voz usado por la pelinegra seguía siendo feroz.

—No, yo quería...quería... yo...—las palabras no le salían, hasta que al fin logró encontrar la forma de decirlo—. yo quería pedirle disculpas—largó las palabras con cierto alivio.

—¿Qué?

—Si... Déjame hablar con ella por favor. 

OTRO MUNDODonde viven las historias. Descúbrelo ahora