Los tres jóvenes despertaron cuando el sol empezó a salir, y abrieron camino a lo desconocido con ansias; los tres querían encontrar a la guerrera de ese mundo que le había traído tantos momentos únicos.
—"De día lo mejor es caminar cerca de los árboles y arbustos, pero sin meterse en el bosque, así será más difícil que las bestias te encuentren."—dijo Kasumi recordando lo que contaba su compañera de cuarto de vez en cuando.
Caminaron por horas, ya serían aproximadamente las diez de la mañana cuando encontraron una cueva, y opiniones distintas se anteponían una a la otra.
"Entremos", "Es peligroso", "¿Por qué lo haríamos?", "¿Por qué no lo haríamos?".
Arata apuró el paso antes de que alguna de las chicas lo detenga. Las adolescentes lo acompañaron un poco temerosas, sin embargo, lo hicieron porque sabían que lo más importante era no separarse en ningún momento.
Caminaron aproximadamente treinta minutos hasta que encontraron una puerta de madera. Tenía unos cuatro metros de alto y dos de ancho.
El grupo de adolescentes abrieron la puerta sin pensar en lo que habría del otro lado.
—¿Quiénes son ustedes? —allí se encontraba un hombre de unos sesenta años con trapos puestos, que se paró bruscamente de su asiento al verlos.
—Somos... ¿personas...? —dijo Arata incrédulo.
—No me digas... Jovencito, no es lugar para traer a mujeres. Es mi casa y si no se van de aquí los mataré.
—No traigo a nadie, en realidad vienen conmigo, son mis compañeras de viaje—empezó a hablar con más seriedad de lo habitual—. Viejo, no te ofendas, pero tampoco es que te dejaremos vivir si es que atacas.
—Buscamos a una chica grande, fuerte y de pelo rojo, ¿la ha visto?
—¿Qué te piensas que salgo de aquí a mi edad con todo lo que hay afuera? No jovencita. —El anciano volvió a sentarse ya despreocupado por la situación—. Váyanse de aquí.
—Anciano, saldremos a cazar la...—un joven con al menos cinco chicos detrás salió de otra puerta ubicada al frente de los adolescentes—. ¿Quiénes son estos?
—¿Usted cría niños? ¡Se parece a lo que hacía Hiroshi con Ishi! —La pelinegra dirigió su mirada al hombre mayor, una mirada con cierta emoción en sus ojos.
—¿Hiroshi dices? ¿Lo conoces, niña? —se ergio y acercó a la adolescente con ánimos.
—Mi... amiga lo conocía. Falleció por vejez.
—Hace tanto que no escuchaba su nombre... Había sido como un hermano para mí. Nos criamos juntos, él era el mayor de nosotros. Una pena que haya muerto. —Bajó la mirada por un momento y luego volvió a hablar—. Vi una vez a sus niños. Antes de eso, acordamos que cuando nos separemos haríamos felices a unos chiquillos cada que podamos. Solamente puedo decirles que la única forma de encontrar a alguien es con las armas de las cuevas... —Tosió por un momento y emitió palabra otra vez—. Adéntrense aquí, si sobreviven encontraran objetos únicos que pueden ayudarlos. Pero váyanse ya, tengo a niños que cuidar y no sé qué traen ustedes en sus espaldas.
Los jóvenes no volvieron a hablar, solamente salieron por la enorme puerta de madera y se adentraron más y más en la oscura cueva hasta encontrarse con unas llamas que alumbraban cada sector de la cueva.
—¿Qué es esto? —preguntó el castaño mientras se dirigía hacia el fuego.
—Cuidado. No conocemos nada de aquí, aléjate—advirtió Michiko al robusto joven frente a ella.
—¿Pero no se dan cuenta? Esto no tira calor. —Sin temor alguno alzó su mano y la guio hasta tocar las llamas anaranjadas y potentes, que por alguna razón no quemaban.
—No es posible...
—Según los libros esto es solo una distracción, adentro está el verdadero problema—interfirió Kasumi en la charla.
—Que friki—se burló la más baja avanzando hacia las flamas.
Arata fue el primero en pasar al otro lado, y con su tosca, pero alegre voz gritó desde allí. Las chicas que lo acompañaban avanzaron también.
La luz que brindaba ya no se encontraba por ningún lado. Avanzaban a ciegas por aquel espacio frío y desolado por varios minutos.
—No avancen, acabo de tocar algo extraño—habló la pelinegra en susurros, de repente—. Prenderé mi talismán.
Y eso hizo; una luz anaranjada y tenue se hizo presente. Gracias a ella pudieron observar lo que había frente a ellos.
—Un dragón...—susurró la pelinegra retrocediendo lentamente, con una expresión de terror en su rostro.
—No lo puedo creer... Si despertara nos mataría, pero es tan interesante... —El castaño, al contrario, avanzaba poco a poco.
—Arata, aléjate—dio la orden la chica de cabellos celestes.
—Michiko, es mi sueño de niño...—Lo acarició y el ser gigantesco color dorado abrió sus ojos con lentitud—. Oh, mierda.
—¡Aléjate antes que reaccione! —exclamó la más baja aún en susurros.
Las alas del ser mitológico vibraron y un sonido salió de él.
—¡Es muy bonito! —quedaba demostrado que el joven no podía sentir miedo por lo extraño. La curiosidad extraía cualquier tipo de miedo que haya en su interior.
—Mi madre me mataría—dijo Kasumi petrificada.
—Dejemos a este loco con el dragón y nos escapemos. —Frunció el ceño Michiko mientras retrocedía sin darle la espalda al ser frente a ella.
Las grandes fosas nasales se empezaron a agrandar cada vez más. Pasaron segundos hasta que los tres adolescentes se llenaron de moco tibio.
—Que puto asco. —se quejó la chica de pelo teñido.
—Fascinante—Arata se encontraba demasiado curioso. Acarició al dragón mientras lo miraba con admiración. El gigantesco ser se levantó de donde estuvo invernando por quien sabe cuántas temporadas y dejó ver un pequeño objeto—. ¿Para mí...?
—Para ti. —los tres adolescentes pudieron escucharlo.
—Nos hablaste... Nos... ¿ayudas?
—Los tres son seres de buen corazón. Su objetivo es algo bueno, ¿por qué no lo haría? Sé que lo necesitarán. —Hizo un gesto para que agarrasen el pequeño objeto.
—¿Qué nos estás dando? —preguntó Michiko con cierto cuidado.
—Te cuesta confiar en los demás...—Sacudió su cabeza mientras veía hasta lo más profundo de su alma con aquellos ojos celestes—. Esto deja entrar en los recuerdos de cualquier ser vivo, pero es peligroso saberlo todo, hay cosas que los humanos no pueden conocer. Los destruirá.
—Estoy buscando a...—Kasumi fue interrumpida por la voz ronca del dragón completamente dorado y brillante frente a ella.
—Sé a quién buscas. Pasó por aquí hace un día. Indaga bien en tus recuerdos, tú sabes a donde se dirigió.
—No lo sé, ¡dime! —El ser emitió un sonido parecido a quejidos e hizo una mueca con la boca dejando ver uno de sus colmillos grises mientras se acercaba cada vez más a la pelinegra.
—No me hables así niña, no dejes que la desesperación te haga perder la razón. No eres de aquí, es imposible que sepas de lo que soy capaz.
—Lo siento, está un poco... loca por la pelirroja. —Rio Arata nervioso acercándose de a poco al objeto con del mismo color que el ser mitológico.
—Me he dado cuenta...—Se mantuvo en silencio por un momento, luego recompuso su postura que transmitía brío—. Joven, debes enmendar tus errores y esta es la mejor forma de hacerlo.
—Gracias. —agarró el elemento; su forma era de un rombo rodeado de tiras rojas.
—Úsalo con sabiduría.
ESTÁS LEYENDO
OTRO MUNDO
FantasíaKasumi está acostumbrada al orden: a entender las reglas, a vivir en silencio, a sostenerse en una rutina que no la compromete demasiado Pero todo cambia cuando una chica aparece en su vida de forma inexplicable, arrastrando consigo un aura extraña...
