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Kasumi se encontraba leyendo en su cuarto un libro. Estaba demasiado entretenida con su nuevo romance literario cuando de repente Ishi la interrumpió de un portazo.

—¿Qué haces? —preguntó inexpresiva la pelirroja.

La adolescente de tez blanca ya conocía cada faceta de su compañera de habitación. Cuando se encontraba así es porque quería ocultar sus sentimientos para no sufrir más.

—Leyendo, ¿no ves? —sonrió, señalando el libro. Su contraria asintió sin dejar de mirarla, luego, empezó a recorrer la habitación a paso lento—¿Qué sucede? —la miró con extrañeza.

—Deseo ser libre de hacer lo que quiera por un día, sin pensar en el mañana...—de a poco iba acortando la distancia de varios pasos que había entre la pelinegra e Ishi.

Kasumi soltó el libro intrigada. Sus frágiles manos se esforzaron lo suficiente como para sentarse en la cama.

—¿Qué quisieras hacer? —la miró: ojos verdes de cazador, sin expresión, pero ese brillo en sus ojos se hizo presente. Labios entreabiertos y finos. Ceño fruncido. Su piel morena...

La pelirroja se agachó para poco a poco estar a unos pocos centímetros de distancia.

—¿De verdad quieres saber? —Miró sus labios, luego sus ojos color avellana y viceversa. Acercó su mano y movió un mechón de cabello negruzco hacia detrás de sus orejas con lentitud—. ¿Puedo...? —preguntó ahora con desconfianza.

Otra vez aquella forma sutil, que no era común en la pelirroja, que la mayoría del tiempo permanecía bruta y sin cuidado, no pensaba en lo que los demás querían, solo tomaba lo que deseaba. Salvaje... Pero no, en aquel momento era tierna y cuidadosa. Extraño en ella, esas reacciones instintivas y hechas con deseo, no obstante, controladas.

Kasumi estaba embelesada, como en aquel primer beso con la morena.

—Si... —Ishi se acercó lentamente y dejó un casto beso en sus labios, luego otro, y otro—. Si me lo vas a pedir, hazlo bien. —Kasumi agarró el cuello del suéter azul de la pelirroja y la acercó bruscamente para quedar a unos milímetros de sus labios.

Al sentir la reacción de su contraria, la morena se quedó estática por unos segundos observando su boca entreabierta mientras sentía su respiración agitada, esperándola. Agarró con fuerzas sus cabellos oscuros y esta vez la besó vorazmente. Las manos de la pelirroja agarraban la nuca de quien tenía en frente con brusquedad, la pelinegra rodeaba sus brazos en su cuello con fuerza. No quería despegarse, al contrario, deseaba estar más en contacto que nunca en su vida.

La lengua de Ishi entró en su boca desesperada, buscando intensificar aún más el beso, al instante su cuerpo cayó encima del de Kasumi.

La adolescente podía sentir su peso, su olor natural a hierbas inundaba sus sentidos.

Las manos de la pelirroja bajaron lentamente, haciendo que todo roce sea electrizante. Sus dedos ásperos y largos se posaron en su cintura y empezaron a subir y junto a ella también su blusa. La boca bajó a su cuello y dejó un beso que despertaba mil cosas en ella. Luego se acercó a su oído.

—Quisiera conocerte, tocarte...

Kasumi salió de su pequeño trance y se sentó otra vez en la cama con agilidad, encontrándose agitada, colorada, desenfocada. Ishi se levantó mientras la observaba con cierto arrepentimiento.

—Lo siento, me he pasado...

—No estoy lista, Ishi. —Tapó su rostro con su mano izquierda intentando desaparecer la vergüenza.

—¿Cuándo dije que deberías estarlo?

—Lo dijiste... Tú...

—Solo te mostré lo que quería hacer...—Agarró la mano con la que Kasumi estaba tapando su rostro y la apoyó en su regazo—. Y quiero decirte algo también.

Miró fijamente los ojos avellana de su contraria con decisión. La pelinegra esperó a la respuesta por segundos que se hicieron eternos.

—¿Puedo ser tu novia? —Las mejillas de Ishi se encendieron luego de aquellas palabras.

—¿Qué...? —Kasumi no podía entender lo que estaba escuchando.

—Te estoy preguntando si puedo ser tu novia—el ceño de la pelirroja se frunció al pronunciar aquellas palabras.

Kasumi rodeó el cuello de la morena e hizo presión hasta que Ishi cayera a la cama, para luego caer con ella. Sus mejillas pasaron de aquel blanco como la nieve a un rosado fuerte. La adolescente pelinegra usó sus brazos para mantenerse firme en la cama y luego empezó a dejar pequeños besos en todo lo que conformaba el rostro de la morena; primero su mejilla izquierda, luego su frente, continuó por su mejilla derecha, subió hacia sus ojos que se encontraban cerrados, su nariz y por último sus labios, en donde se despegó de ellos para contestarle.

—Nunca esperé escuchar esto de ti, claro que quiero que seamos novias. —Sonrió emocionada.

Ishi separó sus parpados dejando ver aquellos ojos color esmeralda, que brillaban con intensidad, como nunca antes. La piel de la morena seguía sonrojada.

—Tu mirada...—Sonrió levemente, luego, su emoción volvió a aparecer—. No sabía que te tenía tan enamorada. Ya sé que soy muy linda e inteligente, tanto que...

Ishi agarró la cabeza de la adolescente para atraerla a su cuello, que lo único que podía escuchar allí era el corazón que bombeaba con fuerza de la pelirroja. Hasta que una pequeña risa se hizo escuchar, e iba incrementando cada segundo; para Kasumi era tan extraño aquello que estaba pasando, sin embargo, se dejó llevar por aquel momento. Luego sintió como Ishi la alejaba de su cuerpo para verla a los ojos.

—Sí, me tienes loca por eso y mucho más. —mostró una pequeña sonrisa.

No, no podía ser ella. Kasumi se separó con brusquedad.

—¡No eres Ishi, ella no es así! —Sacó el talismán del bolsillo, pero las grandes manos morenas en las que estaba hace unos segundos agarró su brazo hasta atraerla de vuelta cerca de ella.

—Soy yo. —Apoyó su mano en la cabeza de su contraria y la acercó a sus labios mientras la miraba seriamente, esperando a recibir respuesta.

—Ishi no hace esto. —Intentó alejarse con expresión de confusión.

—La Ishi que quiero ser si hace esto. —La volvió a acercar a sus labios, esperando a ser besada, pero no fue así, Kasumi no entendía lo que quería decir, por lo que no se acercó más—. Escúchame, ¿sí? Esta es la Ishi que desea seguir su camino como una adolescente normal. Ya viví el suficiente tiempo pensando en lo que no quiero que pase como para seguir así, ahora voy a hacer lo que quiero. Eres mi mundo, Kasumi. Tú eres en quien quiero pensar todos los días, no en una mujer que me arrebata todo lo que amo, por lo que es hora de que te lo demuestre mientras siga aquí. 

OTRO MUNDODonde viven las historias. Descúbrelo ahora