Capítulo 49

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El nerviosismo y la desesperación se percibía en el aire. Min  Yoongi daba vueltas por el pequeño consultorio de manera nerviosa. Ania, en cambio, se encontraba sentada en su silla con la espalda recta y una postura rígida.

Después de pasar un tiempo con los ojos vendados, había llegado el momento por el que tanto habían esperado, pues hoy, se retiraran las vendas de sus ojos y podrá ver sus primeros rayos de luz. 

-¿Estás nerviosa?- le pregunta Yoongi tratando de romper el silencio.

-Un poco- admite Ania cuando sus mejillas se tornan rojas.

-Todo saldrá bien- trata de alentarla. Lo últimos días las cosas  entre ellos han estado tensas, pues desde que regreso de aquella visita en el psiquiátrico, Ania adopto una postura firme. No le pregunto como le había ido, no le pregunto de qué habían hablado, ni siquiera le reclamo, nada, simplemente silencio. Y eso ponía muy nervioso a Yoongi.

Cada que él intentaba entablar conversaciones con ella, ella simplemente lo evitaba. De milagro y no se negó a que él la acompañara. 

-Ania yo...

Se ve interrumpido, la puerta del consultorio es abierta y por ella ingresa el doctor acompañado por todo su equipo de trabajo. Las enfermeras y los pasantes se colocan en las esquinas del consultorio, empujándose y chocando entre ellos.

-¡El día ha llegado!- menciona con ánimo y con una gran sonrisa-¿cómo se siente Sra. Min?

-Nerviosa- murmura Ania- ya quiero que me quite esto.

-¡Sus deseos son órdenes!- hace una reverencia exagerada provocando risas entre los asistentes- ¡Todo mi equipo está aquí presente para brindarle su apoyo!

La puerta se abre nuevamente y por ella ingresa Jung kook, saludando a todos con una pequeña reverencia y con una risa nerviosa. Realiza un gesto de buena suerte a Yoongi.

-Muy bien- el doctor arrastra una silla y se sienta frente a Ania- vamos a comenzar, le voy a pedir que cierre los ojos y no los abra hasta que yo le indique.

Una enfermera le entrega unas tijeras y este comienza a cortar las vendas. El corazón de Ania comienza a latir fuertemente, sus respiraciones se vuelven aceleradas. La presión de las vendas desaparece.

-Muy bien, voy a retirar los parches- el doctor retira los parches de sus ojos.

Las enfermeras no pueden evitar dar pequeños saltitos de emoción, incluso algunas se toman de las manos. Los chicos solo se limitan a palmearle el hombro a su compañero.

-Bien, alguien bajé la intensidad de la luz- ordena el doctor.  Una enfermera gira un botón en la pared y la intensidad de la luz del consultorio disminuye gradualmente.

-¡Suerte!- murmuran los presentes.

-Ahora, abrirá los ojos lentamente- indica el doctor- voy a realizarle pruebas de seguimiento. 

El corazón y la respiración de todos se detiene cuando Ania abre sus ojos en cámara lenta, da un par de pestañeos y mira al doctor a la cara.

-¡Ah! ¡Lo veo! ¡Lo veo borroso!- Ania extiende su mano buscando algo a que aferrarse, el doctor la toma de la mano.

-Respire con calma- le indica el doctor- concéntrese y dígame que ve.

-Fue como una bomba- murmura ella con más calma- una bomba de luz. Pero ahora veo su silueta frente a mí, borrosa.

-Es normal- indica con cariño- calma, respire profundo, la vista poco a poco sé irá aclarando y adaptando.

De repente todos se encuentran respirando al unísono, tratando de ayudarla a calmarse. Los rostros en el lugar se encuentran llenos de alegría y de excitación.

ciega de amorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora