Capitulo 30

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Ania

Llegas a un punto donde ni tú mismo sabes como te sientes, no sabes si es tristeza, enojo, decepción, ansiedad... simplemente sabes que estás mal. La amargura hace presa de mí, la esperanza y la ilusión cada vez se desvanecen más,  él las mató. La tristeza está cada vez más a flor de piel, los recuerdos brotan a cada instante, tomándome con sus garras y desgarrándome por dentro, arrastrándome cada vez más a lo profundo, ¿debería rendirme?

Mi cuerpo se siente más pesado que el plomo, mi cuerpo me pide que descargue lo que llevo dentro. Tengo un nudo en el pecho que no me deja respirar.  Tengo un nudo en el pecho que pesa como mil cadenas a cuesta, que me hacen sentir encarcelada en una caja pequeña que me transmite la sensación de estar en una balsa en medio de un océano agitado.

Mi garganta y mi pecho me piden con gritos en mi conciencia, que llore, que grite, que desahogue, pero no lo logro, intento desatar ese nudo en la garganta,  pero se vuelve más fuerte con cada intento, apenas logro abrir un poco la boca y una fuerza me cierra la garganta impidiéndome respirar.

Quisiera gritarle, quisiera maldecirlo, quisiera... expresarme. Es como si mi mente encargada de controlar mis acciones hubiese cerrado con candado el único paso que tiene mi angustia para ser liberada.  Esa angustia que se genera en mí por no poder expresarme, por no haber liberado en su debido tiempo esas cargas que llevo en la mente. Algunas cargas que vinieron a enseñarme, como también otras que se podrían haber evitado... pude haberlo evitado, pude haberme ido lejos desde el primer momento, ¿por qué decidí quedarme?

Mi mente me convence de que soy una ciega inútil, torpe y tonta. Me dice que no solucionaré nada, que todo lo que toco lo destruyo y que no merezco ser feliz. Me musita que aquellas personas que amo me abandonaran, mi madre lo hizo, mi padre lo hizo, él lo hizo. No merezco que me quieran, sé que no soy lo suficientemente buena y nunca lo seré, por esos las cosas no salen bien. Por eso es mejor rendirme.

 Sucumbo a las garras de la oscuridad, estas rápidamente me arrastran más, mi respiración se vuelve cada vez más lenta. Los recuerdos me golpean como las olas en el mar, dicen que cuando estás por morir, miras tu vida pasar en segundos, ¿eso es todo? ¿Solo tenía que dejarme llevar? Veo todo, mis momentos felices de infancia hasta ese trágico accidente en el que perdí a mi madre y me sumí en la oscuridad, desde ese momento todo se volvió un caos, solo para empeorar más.

-Ania- lo escucho llamándome- Ania...

Repite mi nombre, el descenso se detiene abruptamente, una mano cálida me toma y me ayuda a ascender. ¡No! ¡No quiero volver! ¡Dejadme irme!

-Ania, créeme  que en mi vida  no he visto nada más hermoso que tu rostro, que nada es más bello que esa expresión en tus labios que me piden a gritos robarte un beso cada que te tengo cerca.

Regreso nuevamente a esa cama de hospital, la que me tiene encadenada, mi cárcel personal.

-Puedes conocer a la persona perfecta, pero saber que es tan improbable de que salga bien, que rechazas la mínima posibilidad de intentarlo. Yo lo hice, y no sabes cuanto me arrepiento. Ni siquiera estuvimos juntos el tiempo necesario, y me arrepiento, porque eres lo mejor que me ha pasado. Quiero vivirlo... quiero comprobarle al mundo de que podemos ser felices... quiero intentarlo.

"Dices que me quieres, dices que te importo, ¿Entonces por qué nunca estás ahí?" "¿Por qué te vas con ella?" Las palabras se quedan atascadas en mi garganta.

-Con el tiempo verás que soy de extremos, que conmigo es blanco o negro. O te quiero, o te odio. Algo me gusta o no puedo ni verlo. O me da igual todo, o todo me influye. También te darás cuenta de que cuando me propongo algo, lo doy todo de mí, dejando sudor y lágrimas.  Cuando me enfado lo hago con toda mi energía, cuando me apasiono, lo hago con todo mi cuerpo, cuando lucho, lo hago hasta la última batalla y que cuando  te beso... lo hago como si fuera la última vez...

Siento una presión sobre mis labios, mi primera reacción es cuando mi cuerpo se tensa, más, sin embargo, poco a poco, la razón va cediendo a su insistencia. Mi cuerpo se relaja, mi piel se eriza, mis labios... mis labios pierden la batalla y le abren las puertas al alma. Su lengua empuja y se introduce dentro de mí y en ese momento, vivo una liberación, como si hubiera quitado algo atascado en mi garganta, mis pulmones recuperan el aire, mi mente se despeja.

-Yoongi- logro murmurar su nombre cuando él le da fin al beso.

Como si él fuera energía pura, como si me transmitiera una corriente que recorre todo mi ser realizando descargas eléctricas... tratando de reanimar mi cuerpo. Como su él fuera la luz del faro en la oscuridad. Como si él fuera mi ángel guardián que me toma del brazo y me impide rendirme.

-¿Qué dijiste?- pregunta el impresionado- ¿Acabas de llamarme? ¿Me estoy volviendo loco? ¿Lo imaginé?

Trato de llamarlo, pero no lo logro. La corriente que me había transmitido solo fue un chispazo del momento ¿Por qué? ¿Por qué dependo de él? ¿Por qué mi inconsciencia y mi ser se aferran a él? ¿No sería mejor marcharme?

-Lo siento Ania- murmura cerca de mi oído- pero los besos robados son los mejores. 

Él vuelve a presionar mis labios, esta vez su pasión es desbordante, su insistencia se transmite con energía por todo mi cuerpo, mi corazón se acelera, elevo mi mano y busco su cabello, esta me pesa como 100 kg, sin embargo, logro enredar mis dedos en su cabello. Él sonríe, me besa con pasión, me besa hasta que me roba el aliento.

-Veo que ahora estas muy consiente- murmura tratando de recobrar el aire, siento su agitación- ¿es lo que necesitas de mí? 

"Necesito amor" Las palabras siguen sin salir "y eso no me lo puedes dar".







ciega de amorDonde viven las historias. Descúbrelo ahora