Capitulo 32

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Min Yoongi

Los días han pasado y Ania ha mejorado considerablemente, la psicóloga viene a hablar con ella y tengo que abandonar la habitación, la mejoría es sumamente notoria. Sin embargo, las charlas entre nosotros se limitan a si se siente bien o si necesita algo. No hemos hablado sobre lo sucedido y no la he vuelto a besar. 

-Ania- la llamo cuando ella está sentada frente a la ventana de la habitación recibiendo rayos de luz en su piel.

-¿Mmm?- murmura ella.

-Tenemos que hablar- digo de manera seria-quiero contarte toda la verdad.

No puedo esperar más, ella merece saber la verdad.  Afrontaré las consecuencias de mis actos sin rechistar. Si ella no puede perdonarme no me rendiré tan fácil, no importa cuanto tiempo me tome.

-No- dice en susurro.

-¿No?- pregunto un tanto desconcertado-yo solo...

-No estoy lista-niega ella cabizbaja- no sé si quiero saber. No quiero pelear. No quiero hablar.

-Bien- asiento rascándome la cabeza- yo esperare.

Nos quedamos en silencio. Tal vez sea lo mejor, ella apenas está hablando y tal vez lo que le diga le dará una fuerte impresión, decepción, enojo. Sería malo que se vuelva a encerrar y a dejar de hablar. Pero al menos debe saber lo de su vista.

-Bien, hablemos de otra cosa- puedo ver como su cuerpo se relaja- el doctor me dio una buena noticia, con todos los estudios que te hicieron descubrieron que tú podrías recuperar tu vista. Tendrías que someterte a una cirugía, pero podrías volver a ver ¿no es eso asombroso?

Veo como su cuerpo se vuelve a tensar, sus labios se fruncen. Se lleva las manos a la cabeza, después palpa lentamente la venda de sus ojos. Guarda silencio por un momento, contengo el aliento esperando alguna reacción. Tal vez debí esperar más, no, ella tenía que saber.

-¿Fue una fuerte impresión?- la presiono- Ania, recuperarías tu vida. Podrías llevar una vida más normal sin depender de nadie y eso es fantástico.

-No, eso es imposible- niega con la cabeza- me dijeron que yo nunca recuperaría mi vista, que era imposible, mi padre...

-Te mintieron-le interrumpo-desconozco las razones, pero el doctor está seguro de que podrás volver a ver. Puedo llamarlo para que te explique, podemos iniciar con los procedimientos de...

-No- me interrumpe abruptamente- no quiero.

-¿No quieres?- preguntó incrédulo- ¿por qué no?

-Este es mi castigo divino- murmura en un susurro- debo pagar...

-¿Castigo?- le interrumpo- ¿de qué hablas?, tú eres la persona más noble, tierna e inocente que conozco, ¿por qué crees que es un castigo?

No puedo creer  que su propio padre la haya dejado vivir sumida en esa oscuridad, encerrada en esa cárcel. Pero sigo sin creer aún que ella se niegue a recibir atención médica porque cree que merece lo que le paso.

-¿Por qué Ania?- la presiono-¿por qué crees esas cosas?

-¡Porque por mi culpa murió mi madre!- grita de repente haciéndome saltar- ¡este es mi castigo!

-¿De qué hablas?- me hinco frente a ella y la tomo de las manos- explícame.

-Era un día lluvioso, viajábamos en el auto de regreso a casa. Padre había tenido una reunión  en el campo, era de negocios y nos había llevado con él, de regreso a la ciudad- su voz se quiebra- yo no paraba de jugar... yo me quité el cinturón de seguridad y le coloqué en la cara a mi padre mi oso de peluche, hizo que perdiera la visión y por la lluvia no se percató de que venía un tráiler de frente, cuando lo trato de esquivar nos volcamos en el camino. Vidrios se encajaron en mi vista, mi padre se lesionó de la cadera y mi madre... mi madre murió por mi culpa. 

Lágrimas descienden por sus mejillas, su respiración se vuelve acelerada, sus mejillas se tornan rojas. Ahora, entiendo por qué cree que es un castigo divino, ella se culpa por lo sucedido.

-Ania, eso fue un accidente- le digo con la voz más suave que puedo- eso no fue tu culpa.

-¡Si lo fue! ¡Por mi culpa murió!- sus palabras se vuelven incompletas- ell....mu..io... yo... padre.

-Respira- trato de tranquilizarla- Ania, respira conmigo... inhala y exhala.

Ella imita mis respiraciones, su cuerpo tiembla incontrolablemente en la silla, le limpio las lágrimas de su rostro, le masajeo la espalda hasta que ella poco a poco comienza a controlar su llanto.

-Cuando desperté en el hospital- comienza a narrar ya más tranquila- mi padre me dijo que ella había muerto por mi culpa y que estar ciega era mi castigo. Los doctores me hicieron estudios y confirmaron que no podría ver nuevamente. 

-Ania, tu padre es un infeliz- digo molesto- casi estoy seguro de que él impidió que los doctores te dijeran la verdad. Él decidió culparte, te hizo sentir culpable y te obligo a vivir en esa oscuridad. Un padre no le hace eso a una hija.

-Yo...

-Piénsalo- le interrumpo- él decidió negarte la atención que necesitabas. Yo no quiero decirte más cosas de él, tú sabes como fue, no trates de justificarlo por lo que sucedió. Ahora sabes la verdad y es tu decisión. Habla con el doctor antes de pensar en negarte.

-Lo pensaré- asiente finalmente.

-Prométemelo- la tomo de las manos- prométeme que por una vez en tu vida serás egoísta y pensarás solo en ti, en tu bienestar.

Ella es capaz de seguir aferrándose a la idea de que todo esto sucedió a manera de castigo. Debo hablar con Hoseok para que me ayude a convencerla, debo tratar por todos los medios y tratar de eliminar la negrura que instalo su padre en ella. 

-Lo pensaré- murmura vacilante.





ciega de amorDonde viven las historias. Descúbrelo ahora