CUARENTA Y DOS
Larissa volvió a casa y de inmediato notó que algo pasaba, a simple vista no sucedía nada extraño, sin embargo, el ambiente anunciaba algo grande aconteciendo. La Alpha no tuvo tiempo para pensar en alguna teoría porque la voz inconfundible de su abuela llegó desde la sala familiar y la risa estridente de la vieja le causó un escalofrío que sacudió su columna.
―Ay no, que no sea la abuela, que no sea la abuela― rogó mientras consideraba huir de casa.
Estando a punto de darse la vuelta para salir corriendo un par de dedos tiraron de su oreja con fuerza y la voz furiosa de su madre dijo:
―¡¿Qué diablos le hiciste a Olivia para que quiera irse?
―¡Ay! Duele, duele, mamá duele mucho― se quejó la Alpha.
―Qué bueno que te duele, así dejarás de hacer tantas tonterías que me den un dolor de cabeza― regañó Irene.
―Mamá, no hice nada lo juro.
―No te creo― Irene tiró un poco más de la oreja de Larissa antes de soltarla ―Olivia me dijo que está buscando un nuevo apartamento, eso es porque tú hiciste algo, me da igual si sabes o no qué fue lo que hiciste, vas y lo arreglas.
―Mamá, si no sé qué hice ¿cómo se supone que lo arregle?
―Es tu error, no me pidas a mí resolverte todo, cumplí con advertirte que Olivia se va a ir, es todo lo que puedo hacer por mi estúpida hija que no puede darme una buena nuera y cuando por fin hay una preciosa chica que es perfecta para esta familia, la espanta.
Y sin decir más, Irene se dio la vuelta y regresó a la sala familiar.
Olivia permanecía en su habitación buscando apartamentos cercanos al Rotten-Bahn, lo había pensado y con la entrada de la primavera ya no había excusa para permanecer en casa de los Mont, aunque los padres de Larissa parecían contentos con ella, la situación entre Vin y su loca vecina la estaba poniendo de los nervios y tampoco pretendía arruinar la relación de ambas hermanas, así que lo mejor era mudarse.
Esos días halló algunos anuncios interesantes, aunque no todos los lugares estaban en su presupuesto o tenían lo que necesitaba, encontró dos que parecían ideales, así que estaba por hacer la cita con la inmobiliaria para visitarlos. No pretendía contarle a Irene sobre su búsqueda, sin embargo, tuvo la mala suerte de que viese la pantalla de su teléfono cuando una notificación de un nuevo anuncio inmobiliario llegó y no pudo ocultarlo más.
Irene estaba ofendida porque Olivia quiera irse de casa, aunque no pudo hacer un drama gracias a la repentina visita de la abuela Mont, la joven doctora sabía que en algún momento Irene continuaría con la conversación y usaría su voz maternal para pedirle que no se marche. Así que debía hallar algo pronto para no ceder a las dulces palabras de una persona astuta como Irene.
En el momento en que envió la solicitud a la inmobiliaria para ver uno de los apartamentos la puerta de su habitación, a la que claramente olvidó ponerle el seguro, se abrió y la figura de Larissa apareció.
―¿Qué hice para que te quieras mudar?― preguntó la Alpha entrando sin pedir permiso y cerrando la puerta tras de sí para que nadie las interrumpa.
―¿Qué?― Olivia dijo confundida sin perder de vista a la loca mujer que se dirigía a ella como una bestia furiosa ―¿De dónde sacaste que es por ti que quiero mudarme?
―¿No es por mí?― Larissa se detuvo sin saber si creer en Olivia o no.
―Claro que no ¿por qué sería por ti?― Olivia habló con un dejo de burla en la voz ―Quiero mudarme, el invierno ya terminó y no quiero importunar más, siempre viví sola, supongo que extraño mi soledad.
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DECADENCIA
RomanceÉrase una vez que un poderoso Alpha Dominante Máximo buscaba un esposo para ayudarlo a criar al hijo bastardo de su hermana mayor y así mantener su puesto como presidente del conglomerado perteneciente a su familia, érase una vez que un joven médico...
