VERANO: CUARENTA Y TRES

724 82 14
                                        

CUARENTA Y TRES

El día que Sebastian se marchó a ese viaje de negocios Dante no perdió el tiempo y fue junto a Daniel al taller de Oliver, decidió conducir dejando que su hijo viaje en los asientos traseros metido en el asiento para bebé. Con música suave y la mañana fresca el Omega condujo primero a una cafetería dónde compró algunas cosas para su cuñado y los trabajadores del taller, además, también pidió una dona con chocolate extra para él. Después de que el empleado le ayudara a subir todo al auto volvió a la carretera, el camino fue amenizado por la canción infantil de moda y los soniditos que intentaba balbucear su hijo.

Poco después llegó al edificio de WUNSCH, un empleado ya lo esperaba para ayudarle con la comida y Dante pudo concentrarse en Daniel, el cochecito y la pañalera. Al entrar al taller se encontró con Oliver dando algunas indicaciones sobre una pieza, hablaba sobre la puntada en la costura y algo del movimiento con la aguja, Dante no entendía nada, sin embargo, no se atrevió a interrumpir y dejó que Oliver terminase de dar instrucciones.

―Mi amado― saludó el joven diseñador cuando notó la presencia de su cuñado ―Y mi bebé ¡Mis dos amores vienen a visitarme al trabajo!― dijo con ese tono dramático que le gusta utilizar y Dante rio ligero.

―Traje algo para ti y los chicos del taller― comentó Dante después del abrazo de bienvenida de Oliver ―Creí que les gustaría comer algo.

―Además de hermoso, considerado, me saqué la lotería― comentó Oliver tomando un café que llevaba su nombre y una dona con glaseado de fresa y chispas ―Me alegra que decidieran venir.

―Dijiste que querías hacer pruebas de tu diseño, se escuchaba importante― comentó Dante mordiendo su propia dona de chocolate ―Y como no teníamos nada más por hacer, decidimos venir.

―En serio, no sabes lo que agradezco que estés aquí, para ser sincero creo que es muy importante probarte la pieza, aunque no está terminada necesito que cada parte encaje en ti y, sobre todo, tenga la protección correcta en el pecho para que no tengamos problemas en el photoshoot.

―Entiendo, la maternidad tiene sus retos― suspiró Dante llevándose una mano al pecho.

―Pero te da cierto brillo... Hace que te veas todavía más hermoso.

―Que no te escuche Sebastian, está como loco estos días.

―Lo noté, ese loco está como una bestia contigo.

―Es una buena bestia― sonrió Dante pensando en la cara de sufrimiento con la que se marchó su esposo esa mañana ―Y una que estará fuera por algunos días.

―Hagamos estos días divertidos para ti y para mi bebé, es más, casémonos en su ausencia ¿qué dices?

―Claro, hagamos eso― aceptó Dante dejando que Oliver lo tome de la mano con un gesto romántico exagerado.

Para los presentes era notoria la buena relación entre el Beta y el Omega. Todos creían que Oliver no vería con buenos ojos al esposo de su primo, las razones sobraban, sin embargo, todos esperaban que Dante fuese un Omega caprichoso que se aprovecha del respaldo de su esposo para hacer lo que se le dé la gana; pronto aprendieron que Dante no era de ese tipo y sobre todo, comenzaron a escuchar maravillas sobre él gracias a su jefe.

―Señor Rauss-Schmied― se acercó una chica delgada con gafas de montura redonda y una piel oscura preciosa ―Gracias por el café y las donas.

―No hay de qué― Dante sonrió y ella bajó la mirada avergonzada.

―No te comportes así, mi ángel no muerde― regañó Oliver a su empleada.

―Lo siento señor― se disculpó regresando a su área de trabajo.

DECADENCIAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora