VERANO: CUARENTA Y CUATRO

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VERANO: CUARENTA Y CUATRO

El sonido de voces provenientes de la planta baja despertó a Dante, adormilado salió de la cama y tras calzarse las pantuflas y corroborar que Daniel aún dormía fue a averiguar qué sucedía. Al asomarse por la escalera supo que una de esas voces pertenecía a su esposo y las otras dos no las conocía, aunque una le parecía familiar de alguna forma, en silencio bajó los escalones esperando no llamar la atención, sin embargo, su presencia no pasó desapercibida gracias a que uno de los dueños de esas voces lo notó de inmediato.

―Lo siento, no quería interrumpir― se disculpó dudando si regresar a la habitación o bajar los últimos cuatro escalones que lo separaban de la planta principal.

―Amor, ven― Sebastian fue a él para tomarlo de la mano y llevarlo junto a los dos hombres que conversaban antes con el Alpha ―Déjame presentarte Luka Di Stasio y Benedicto Garufi, son mis socios en el proyecto de la Isla de las Flores.

―Señor, un placer para mis ojos volverlo a ver― Luka no perdió el tiempo y, con galanura, tomó una de las manos de Dante e inclinándose besó el dorso.

―Mucho gusto señor Di Stasio― respondió Dante abrumado por el gesto y porque no recordaba cuándo vio a esa persona.

―Dante― Benedicto lo llamó por su nombre atrayendo la atención del Omega ―Quizás no me recuerdes, pero, mi memoria jamás te olvidaría― y dicho aquello, también besó el dorso de la mano del Omega.

La voz de Benedicto se estrelló en la mente de Dante y la reconoció como aquella que respondió el teléfono de Sebastian la noche anterior. Como un gato alerta sintió los vellos de su cuerpo erizarse y por instinto apartó la mano y quiso alejarse de Sebastian, sin embargo, la mano firme en su cintura lo impidió. El Alpha notó la incomodidad de su pareja y lo retuvo a su lado con un gesto protector y una mirada desafiante hacia aquel tipo que se atrevía a hacer sentir nervioso a su Omega.

―Le solicito que no me llame por mi nombre, usted y yo no tenemos tales confianzas― dijo Dante con ofensa cuando pudo articular palabra sin que su voz tiemble a causa del coraje y la indignación. No podía creer que Sebastian se atreviera a llevar a su casa a la persona con la que pasó la noche anterior y sobre todo, se lo presentara como si nada hubiese sucedido permitiendo que ese tipo se burle de él.

―Lo lamento, no fue mi intención incomodarte― Benedicto se apartó un par de pasos y añadió ―Creo que yo no dejé una huella en ti como tú la dejaste en mí.

―¿Acaso nos conocimos antes?― Dante preguntó confundido, buscando disimular el malestar emocional que cruzaba su corazón en ese momento.

―Por un tiempo breve, no estuvimos en el mismo curso, pero, hicimos el bachillerato en el mismo colegio. Me gradué un año antes de ti, era del grupo que solía ir por comida al club de cocina― se explicó Benedicto y por el rostro de Dante se reflejó como las ideas de pronto se conectaban y algo en su memoria despertaba.

―¡Claro!― Dante dijo con asombro cuando su mente ubicó el lejano parecido del hombre frente a él con aquel chico delgado como un palillo y alto como un poste que solía colarse al club de cocina para robarse las sobras de las preparaciones que hacían ―Eras del grupo de los roedores, vaya que has cambiado― una sonrisa iluminó el rostro de Dante alejando la incomodidad inicial y provocando que la mano en su cintura presione con un poco más de fuerza advirtiendo que su dueño no está feliz.

―No era tan agradable a la vista en esa época― Benedicto sonrió emocionado porque Dante lo reconociera ―¿Crees que pueda devolverte el favor un día de estos? Me gustaría invitarte a comer para agradecer todo lo que hiciste por mí en esos años.

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⏰ Última actualización: 6 days ago ⏰

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