CAPÍTULO 35

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-Ahora ¿te irás con tu padre de adopción? -le pregunté a Nuria, mientras salíamos de la comisaría.
-Supongo que sí, no me queda otra -suspiró.
-Si quieres, puedes venirte a mi casa -dije ofreciendo mi casa. No me gustaba la idea pero era mi hermana; y gemela.
-¿De verdad? -preguntó emocionada.
-De verdad, en mi casa siempre eres bienvenida, y ahora más -dije sincera.
-Ya me sé la dirección -le miré confusa- he mirado un poco los papeles -dijo sincera- esta noche estoy ahí.
-Hasta la noche -dijimos Daniel y yo despidiéndonos.
Daniel y yo, llegamos hasta nuestra calle, y un pinchazo en mi corazón hizo que me cayese al suelo, provocando la atención de mi acompañante.
-¿Estás bien? -me preguntó.
-Sí, es sólo que volver a mi casa, me trae muchos recuerdos -dije con los ojos vidriosos.
Él me abrazó y al instante rompí a llorar, una vez más.
Él, se puso a cantarme.

"Deja que hable,
Deja que hoy te cuente,
Como quema que te vayas, entre lágrimas, me duele.
Dejame verte,
una despedida y ya me quedo en este infierno al ver que hoy me olvidas.
Pararé los pies a ese reloj que nos controla,
Que no nos deja ser,
Que apaguen el sol de una vez.
Recuérdame,
Ahora que ya decidiste ir con él.
Que sea lo que deba ser, aunque a mi me toque perder"

Mi piel se estremeció a causa de su voz, dulce y potente; que me cantaba entre susurros.
Me empezó a dar besos por el cuello para calmarme y logró que el vello se me erizase aún más.
-¿Tienes frío? -me preguntó, aunque era una pregunta un poco tonta, ya que estábamos a finales de junio.
-No es frío, eres tú -dije mirándole a los ojos, mordiéndome el labio inferior.
Él acortó la distancia, hasta que su nariz y la mía, rozaron.
Nuestras frentes estaban apoyadas una en la otra y intercambiábamos el aliento.
Nuestros labios, se unieron tras diez segundos.
Su boca y la mía era cómo las piezas de un puzzle.
Encajaban a la perfección.
Estaban echas la una para la otra.

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