CAPÍTULO 30

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-¿Me prometes una cosa?-le pregunté a Ángela, cuando ya estábamos en el jardín, tras un largo silencio.
-Claro, ¿el qué? -me preguntó frunciendo el ceño.
-¿Me prometes que intentarás no vomitar lo que comes?
¿Me prometes que comerás un poco en cada comida?
¿Me prometes que te mejorarás y saldrás de aquí? -le pregunté cogiéndola de la mano.
-Lo puedo intentar -dijo medio sonriendo.
Yo le sonreí y la alegría invadió mi ser.
Si se lo propone puede salir de esta enfermedad.
Estaba tan metido en mis pensamientos, que no me di cuenta que estábamos caminando por los pasillos de vuelta a la habitación, aún cogidos de la mano.
Entramos y vimos que Jesús estaba durmiendo en la misma cama que Manuela.
-De ahí sale una parejita -susurró Ángela y yo asentí.
Ella se tumbó en la cama y yo me recosté en el sillón, a su lado.
Estaba medio dormido, cuando oí que Ángela me estaba hablando.
-Daniel -dijo en un susurro, y yo ladeé la cabeza.
-Dime
-¿Puedes dormir conmigo? -me preguntó tímida.
-Claro -le sonreí y me tumbé a su lado.
Ella me cogió de la mano.
-¿Te quedarás conmigo todo el tiempo que esté aquí? -me preguntó.
-Me voy a quedar siempre a tu lado -dije sincero, y aunque estaba oscuro, pude ver cómo se sonrojaba.

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