Me desperté a causa de que mi querido gemelo, Jesús, me tiró de la cama.
Me levanté del suelo, algo cabreado, y me fui al baño.
Allí, me miré en el espejo y me lavé la cara.
Me desnudé y entré a la ducha.
Tras una ducha de veinte minutos, salí con una toalla enrollada en mi cintura.
Al entrar en mi habitación, pude comprobar que mi gemelo aún seguía roncando; ni se había inmutado.
Cómo duerme el cabrón -pensé.
Me vestí y bajé a la cocina. Abrí la nevera y saqué la leche; la cual, deposité en una taza y me la bebí de un trago.
De un cajón, saqué un cigarro,y un mechero y salí al jardín.
Encendí el cigarro y me puse a inhalar y exhalar humo, mientras observaba la calle.
De repente, la vecina, Ángela, salió de su respectiva casa.
Sonreí al observar lo preciosa que iba.
Apagué el cigarro, contra el suelo y cuando estaba lejos, me dispuse a seguirla.
Quería ver dónde se dirigía con tanta prisa.
Le envíe un WhatssApp a Jesús, para que no se asustase cuando se despertase y no viese a nadie en casa.
Seguí a Ángela hasta que se paró justo en frente de una casa, un tanto anticuada, y tocó la puerta, que al cabo de los minutos se abrió, dándole paso.
