Entré en la habitación y cerré la puerta tras de mí.
Me sentí realmente mal por ella y por la situación en la que se encuentra.
Ahora mismo, ella se encuentra tumbada en una camilla blanca, haciendo conjunto al resto de la habitación; también blanco.
Lleva una mascarilla en la boca; la cual está conectada a una máquina.
Máquinas y más máquinas abundan esa sala fría.
Me senté en el sillón que había al lado de la camilla.
La cogí de la mano. Su mano fría, y la mía caliente, formaban algo increíble.
Era cómo si se mezclaran el fuego y el hielo, hasta quedar a una misma temperatura.
Empecé a acariciarle el brazo hasta que me di cuenta de algo.
De unas marcas en sus brazos y palidecí al instante.
No me lo esperaba.
Que ella fuese una chica así, no cabía en mi mente. Y, aunque, mi cabeza no lograse asimilarlo, ésa era la realidad.
Noté que alguien me miraba y se estaba moviendo.
Era Ángela quitándose la mascarilla que cubría su boca.
-Ya lo sabes todo de mí -dijo débilmente, hablando entre suspiros.
Yo asentí apenado.
-Todo saldrá bien, ¿vale?
Te lo prometo - le sonreí intentando tranquilizarla.
-No digas que todo saldrá bien, porque nada ha salido bien en mi vida. Y por fin, tenía pistas de dónde se podría hayar mi familia y zas, el karma o algo -dijo volviendo a ponerse la mascarilla para respirar mejor.
