-¿quieres ir a almorzar?- dijo Matt ya en el parking de la escuela. Debo ir al cementerio, pero puedo ir con Matt a almorzar.
-¡pospuesto!- le sonreí radiante. ¡Me encanta pasar tiempo con Matt!, hace que mi fierecilla rebelde y mi subconsciente controlador y negativo, estén en armonía. Y eso no es nada fácil de conseguir. Llegamos a un restaurante de mariscos que tenía vista a los mejores puertos de Boston. Ingresamos al establecimiento tomados de la mano y para mi sorpresa, todos los clientes eran jóvenes. Tomamos asiento en una mesa para dos y el mesero se acerca a nosotros.
-¡para nosotros almejas y berros!, y vino, el más suave que tengas y para ella un jugo de naranja con pulpa natural!- miró al mesero, quien me miraba. ¿Que rayos les suceden a los meseros?. Dibujó con sus labios una fina línea recta, y sus ojos se tornaron totalmente inescrutables. Y nuevamente parecía 6 años mayor. Su apariencia me intimida. Y no me quiero imaginar como hace sentir al mesero, quien se puso muy nervioso y se retiró.
Matt se quedó un minuto en silencio. ¡Vaya es bastante incómodo!. Debo sacar un tema de conversación en el que yo tenga la culpa de algo. Pensé para mi misma, desesperada por sacar un tema de conversación. ¡De tu anemia!, es lo único, dijo mi subconsciente, predispuesto a ayudarme por suerte.
-¡y dime!, ¿cómo es que sabes lo de mi anemia?- dije tratando de sonar trivial. Matt levantó su mirada e inmediatamente sus ojos de expresión inescrutable se transformaron en ojos celestes cálidos al encontrarse con los míos.
-¡verá señorita McCourny, es una muchacha muy despistada y olvidadiza!- dijo mostrándose mas relajado y divertido. ¡Si que cambia rápido de humor!.
-¡luego de tu visita al hospital, debías ir por tus exámenes al día siguiente, pero lo olvidaste y yo los busqué!, ¡por nada señorita! - rió, pero yo simplemente sonreí, hablar de esto es muy difícil, todos me conocen por mi abundante buen humor y diversión, y soy la capitana del equipo de porristas, se supone que soy la mas saludable. ¡Se supone!, resaltó mi subconsciente siendo insensible.
-¡es verdad, gracias por buscarlos!- dije y el mesero nos entregó nuestra orden, y se retiró.
-¿te sucede algo? ¡estas muy seria, pareces incomoda!- me miró expectante.
-¡es que el tema de mi anemia, es un poco vergonzoso!, y no quiero preocupar a nadie por una estupidez, a propósito ¿por que comemos esto?- pregunte ya que no sabia, por que estábamos comiendo un plato tan fino y raro. Es que digo, tengo 17 y supongo que Matt tiene 18, esto es para gente adulta y refinada.
-¡Ally, me molesta mucho que digas que tu anemia es una estupidez, pues no lo es, es serio puedes contraer Cancer si no la tratas!- su expresión inescrutable apareció nuevamente, y desearía darme una bofetada a mi misma. ¡Se me ha ido el apetito!.
-¡lo siento!- dije bajando la mirada hacia mi plato.
-¡come!, ¡estamos comiendo almejas y berros, ya que son ricos en hierro, esencial para tratar la anemia sin fármacos!- dijo autoritario. ¿Cómo es que sabe tanto?. Simplemente obedecí y guardé silencio, de cierto modo estoy enfadada, no tolero que me den ordenes y que me regañen, por mas que suene malcriado, así es.
-¡Ally háblame!- dijo Matt con un tono más suave. Levanté la mirada y me encontré con la de Matt. Mi fierecilla se despertó y se quedó expectante. ¡Siempre causa ese efecto en mi!.
-¡Emm bueno, tengo una pregunta!- dije un poco nerviosa, es que a Matt no le gusta hablar de si mismo, no estoy segura si es porque no confía en mí o porque no quiere.
-¡de acuerdo!, ¡solo una!- se acomodó en su silla un poco mas erguido, esperando mi pregunta atento. ¡De acuerdo, ahí voy!.
-¡es gracioso, pero no se cual es tu edad!- dije y me sonroje al instante, he tenido más de 4 citas con Matt y no se su edad, es vergonzoso.
-¡tengo 19!- dijo riendo divertido por el color de mi rostro. ¿Que?.
-¿y por que aun estas en la secundaria?- pregunté muy intrigada.
-¡perdí un año!- dijo y le dio un sorbo a su vino.
-¿reprobaste un año?- insistí.
-¡Ally eso es trampa!, dijiste una sola pregunta y esta es la tercera!- reímos. ¡Siempre consigue desviar el tema!.
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Subí a mi auto luego de despedirme de Matt y salí del parking de la escuela. Me dirigí al cementerio, pero antes me detuve en una florería, para llevar tulipanes azules, las flores favoritas de mi padre y mías también.
Continué mi camino en absoluto silencio. ¡Hoy simplemente no estoy de ánimos para bromas y música!.
Llegué al cementerio y aparqué mi automóvil en el parking, y bajé de el, tomé el ramo de tulipanes azules y comencé a caminar hacia la tumba de mi amado padre. Al llegar las lágrimas comenzaron a caer por si solas de mis ojos. ¡Tan solo no puedo resignarme a la idea de que haya muerto, una muerte tan poco merecida!, ¡pero juro por mi vida, que hallaré a quien acabó con mi padre haré que ese maldito pague!. Sin darme cuenta me encontraba de rodillas frente a la tumba de mi padre, llorando desconsoladamente mientras recordaba todos los momentos que pasé a su lado.
En un momento elevé la vista y vi a un muchacho de pie contemplando una tumba que se encontraba no tan lejos de la de mi padre, no podía ver su rostro ya que estaba de espalda, pero conozco esa espalda, ¿Matt?, me puse de pie y comencé a caminar, no tan rápido debido a mis tacones. Antes de llegar mas cerca a el dije- ¿Matt?- pero no volteó, ya un poco mas cerca me detuve, pero este comenzó a caminar a un paso muy acelerado, que yo no podía seguir por mis tacones, lo seguí un trecho pero este comenzó a correr y desapareció entre los automóviles del parking. Regresé a donde el muchacho estaba de pie y en la lápida se encontraba la inscripción que decía "James Donell, fallecido por siniestro vial, siempre en nuestros corazones, tu familia, amigos y hermano del alma J". ¡Oh vaya !, murió por el mismo motivo que mi padre. Observé la fotografía de su lápida y para mi sorpresa era un muchacho joven, por su apariencia no mas de 20 años.
Volví a la tumba de mi padre y seguía pensando en el muchacho, ¡estoy casi segura de que era Matt!. Me puse de pie y caminé hasta el parking, miré a mis alrededores para comprobar si el muchacho se veía por algún lugar. ¡Pero nada!. Puse en marcha mi automóvil, le pagué al encargado de vigilar y salí. ¡Visitar cementerios no me hace muy bien!, tomaré una píldora de hierro, estoy temblando. Con una mano busqué las píldoras en mi bolso, coloqué una en mi boca y tomé un buen trago de agua de una botella que se encontraba en el asiento del copiloto. Encendí la radio y comenzó a sonar una pieza clásica soprano Inglesa. Decidí dejarla y fui acompañada por grandes voces hasta mi casa.
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Mentiras Piadosas
RomansaAlicia es una muchacha muy atenta, delicada y dulce quien acaba de perder a su muy amado padre en un accidente automovilístico, en donde no se conoce al causante de su muerte. Ella convive con su madre quien es completamente manipuladora, extorsiona...
