33. A prueba de todo - Victor

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Trabajar con Victor Nikiforov había sido como un sueño para Mila Babicheva. La mujer, egresada de la universidad  de San Petersburgo con maestría en la universidad de Manchester, era mucho más que una mujer atractiva. Con un humor muy suspicaz y una rapidez mental envidiable, se sentía orgullosa de haber logrado que su periodista favorito, Victor Nikiforov, realizara una serie de entrevistas y podcasts sin retrasos ni problemas en los últimos meses. La agenda de Victor, recargada de actividades, parecía ser un reto, pero él había sido tan profesional y agradable que Mila pensaba que no había escritor más perfecto que él. Y ella era muy experta en esas cosas, porque llevaba varios años asesorando y guiando a diversos escritores de diversas editoriales. 

Víctor había recorrido cientos de regiones en todo el planeta, había entrado a sitios donde el extranjero no se atrevía a poner un pie, también había estado rodeado de personajes ilustres y, ahora último, de la realeza. Sin embargo, el Victor Nikiforov que Mila previamente admiraba, la había sorprendido aún más con su forma de ser.

No había puesto requerimientos estrambóticos o absurdos, sino que solo había pedido un lugar cómodo para descansar y Sencha, un té al parecer japonés del que jamás había oído, pero que había podido encontrar.

Ahora se hallaban nuevamente en Moscú y Mila repasaba la agenda de Victor, mientras este se encargaba de jugar con su adorable caniche. Al principio, la asistente se había sentido indignada al ver que Victor se ponía a jugar con Makkachin cuando ella le hablaba, pero luego había entendido que dedicarse a Makkachin era su forma de desestresarse y que, aunque lo miraba con adoración y lo llenaba de besos, escuchaba con atención todo lo que ella le decía.

―Entonces al mediodía debemos estar en la radio para la entrevista con Laversk. Ya me pasaron la lista de posibles preguntas, las he dejado allí, sobre el escritorio.

―Muy bien, ¿y qué sigue después?―de pronto la voz varonil se convirtió en una llena de azúcar― ¡Makka, mira la pelota del tío Yakov!, ¿la quieres? ¡Sí, anda a traerla entonces!―el sonido de la pelota rebotando en el suelo y la de las uñas del can resbalando contra la misma superficie inundaron el salón.

―Haremos una pausa para comer algo en el hotel. ¿Te provoca algo especial para la noche?

Victor volteó a mirar a su perro con una sonrisa y luego regresó a mirar a su compañera.

―Estamos en Moscú, ¿no? Yuuri me contó que en su última visita había comido en un restaurante llamado Marukame que sirve comida japonesa. ¿Puedes fijarte si puedes reservar algo?

Yuuri. Le había llevado un tiempo a Mila comprender a quien se refería. Luego de leer el libro había quedado claro que el príncipe de Japón y él tenían una relación muy cercana. El nombre del japonés salía de la boca de Victor por lo menos una vez al día, para contar anécdotas o, como ahora, para saber más de sus gustos. Nada baratos, por cierto.

―Oh, creo que el señor Feltsman me matará si vamos―exclamó revisando en el internet lo que el escritor le había pedido―. Es un restaurant muy caro.

―Bueno, no quiero que Yakov te mate. Pero en realidad me muero por ir a comer un katsudon y más si Yuuri ya estuvo allí antes…―Victor acarició su barbilla pensativo―. ¡Ya sé! Resérvalo nomás, yo lo pagaré.

―¿Estás seguro? En verdad es muy caro.

Victor no solía gastar en excentricidades si podía evitarlo, pero el saberse en un lugar donde había estado Yuuri, era para él un aliciente idóneo .

―Para eso existen las tarjetas de crédito, ¿no?―el periodista le guiñó el ojo con complicidad y Mila se sonrojó. En verdad el hombre era muy apuesto.

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⏰ Última actualización: Dec 27, 2025 ⏰

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Kiku  No  YuuriHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora