―¡Vitya! ¿Pero qué diablos es eso?
Victor se sintió indignado al ver la sien de Yakov a punto de explotar después de haber dicho eso.
―”Eso” tiene nombre, Yakov. Se llama Makkachin y es mi nuevo cachorro.
Victor le dio un besito a su mascota y lo dejó sobre la camita qué había comprado exclusivamente para su oficina.
―¿Pero qué demonios hace aquí? ¿Por qué has traído a esa cosa a la oficina?
Victor miró seriamente a Yakov.
―No pienso escucharte si vas a decirle cosa a mi Makkachin.
El gruñido de Yakov sonó casi como una disculpa.
―¡Yakov, no puedo dejarlo solo!―exclamó Victor dramático―. Traté de dejarlo en casa toda la semana pasada y cada vez que regresaba me miraba con sus ojitos marrones, casi como diciendo lo mal padre que soy.
―Vitya, los perros no hablan.
―No, pero sí juzgan. Yo lo sé.
―¿Cómo va a juzgarte como dueño? ¡Es un animal, no puede ni hablar!
―No habla, pero sí se desquita con mis zapatos de cuero. Ya se ha comido mi par de color chocolate. El veterinario dice que es porque se siente solo.
Yakov volvió a gruñir pensando en las tonterías del periodista.
―¡Ni creas que lo traerás todos los días!
―¡Pues si no lo puedo traer, empezaré a trabajar de forma virtual!
―¿Qué?
―Ya lo oíste, Yakov. Si Makkachin no puede venir a trabajar conmigo, yo tampoco.
Yakov quería y respetaba a Victor. Llevaba años conociéndolo. Pero, sobre todo, estaba muy consciente que, desde que había empezado a escribir su columna de opinión, la cantidad de lectores del periódico había crecido considerablemente. Lo miró molesto antes de abrir la boca nuevamente.
―¡Ni creas que lo voy a dejar entrar a mi oficina!
Víctor consideró eso como una victoria.
―¡Así será! Te prometo que ni lo vas a sentir.
―¡Y anda viendo con quién lo vas a dejar ahora que empecemos con la gira del libro en dos semanas!
―Eso no será ningún problema, Yakov. Makkachin viene conmigo.
―¿Qué has dicho?
La voz de su jefe se volvió una octava más aguda y sus ojos se salieron casi de órbita. Victor sabía que estaba presionando demasiado.
―Yakov, ¿Quién no encontraría a Makkachin adorable? Podemos mostrar no solo el lado humano de Yuuri, sino también el mío como escritor.
―Ese perro no llegará a ningún lado―refutó―. ¿Acaso tienes idea de lo tedioso que es conseguir los permisos de viaje para perro?
―Makkachin no es cualquier perro, Yakov. Está reconocido como perro de compañía por las autoridades del imperio de Japón. Es un perro que debe acompañar a su amo por ser de apoyo emocional. ¿Y verdad que eres el gran apoyo de papi, no Makkachin?
Victor empezó a acariciar al pequeño animalito y causó que Yakov casi explotara.
―¡No pienso pagar el asiento de avión de un perro, Victor! ¿Me has entendido?
―Yakov, relájate. No estás viendo las cosas como un profesional. Los gastos de viaje no son nada comparado con lo que Makkachin puede aportar.
―Lo único que me interesa que aporte es el dinero de su pasaje.
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Kiku No Yuuri
FanfictieEl trono del Crisantemo peligra en el lejano Japón. Un príncipe que nadie parece conocer y un periodista que nadie desea recordar deben entrecruzar caminos para evitarlo. Advertencias: *Es un fic Victuuri, se habla de otras ships que no rompen el v...
