Lucero estaba aún indecisa si tomar el puesto o rechazarlo, Eduardo Zamarripa era el abogado de cabecera de Fernando Colunga y probablemente serian amigos o por lo menos tendrían mucha comunicación y ella no sabía si eso podría ser bueno. Por otra parte la oferta era buena, Fernando ya no la dejaría trabajar en el bar, no que ella lo quisiera, pero eso no se lo iba a decir a ese engreído. Nunca había imaginado que le ofrecieran trabajar en un despacho de abogados, no tenían nada que ver con sus estudios pero por lo menos, iba a tener un empleo más decente, lo suficiente para en caso de que su padre preguntara, ella podría contestar sin tener que mentir.
- ¿Qué dices? ¿Te interesa la oferta? – Eduardo le sonreía genuinamente, no había tenido tiempo de tratarla.
Realmente desde el día que Fernando le había hablado a su despacho, que la vio por unos cinco minutos cuando más y una semana después cuando volvieron a verse para tan solo firmar el contrato, no había tenido la oportunidad de realmente tener una conversación con ella y se le hacía excepcional. Por el poco tiempo que tenia de conocerla se le hacía una mezcla entre ingenuidad y malicia que no se podría explicar. Era una mujer muy inteligente, tal vez su perfil de bajos estudios hacia que no fuera una mujer con mas mundo, pero eso eran cosas que podían arreglarse, todo fuera como eso.
Eduardo era muy bueno con las personas y sus primeras impresiones, y aunque de ella no lo había tenido la primera vez, ahora que la veía, que realmente interactuaba con ella, tenía la corazonada de que era una de esas mujeres que cuando se cruzan por tu destino, no debes dejar ir la oportunidad. Por un momento deseo el ser quien tuviera el contrato con ella, y entonces él la conquistaría, era muy guapa, y cuando llegaba a sonreír hacia que con su sonrisa los hombres alrededor de ella quedaran hipnotizados dispuestos a caer en las más bajas tentaciones tan solo por ganarse una de esas sonrisas.
- No lo sé, en verdad su oferta es muy buena pero lo que me detiene es Fernando.
- ¿Fernando? ¿Porque?
- Porque ustedes dos son amigos y si yo trabajo para usted entonces…
- A ver, mi relación personal con Fernando no la mezclo con mis negocios. Fernando es muy amigo mío, es cierto, pero desde el tiempo que nos conocemos que creo que solo ha ido a ese despacho si acaso una sola vez. Además, el tiempo que estés conmigo, te aseguro que no te tendrás de que preocupar por Fernando, a mis empleados se les respeta dentro de mis instalaciones. Así como espero el mismo respeto de parte de ellos para con mi despacho y para con mi persona.
Lucero le regalo una de esas sonrisas de las que a Eduardo le empezaban a fascinar, había aceptado después de todo. Eduardo empezó a preguntarle esas cosas por las cuales Fernando había querido saber, sin embargo se encontró tan interesado o más de lo que Fernando podría realmente estarlo.
Lucero pensó en que después de todo el cambio en su vida, aunque drástico, podría ser para bien, con este nuevo empleo las cosas cambiaban considerablemente y si por un año no tendría que preocuparse de nada en cuanto a lo material, todo el dinero que obtuviera lo dividiría en dos partes, la mitad iría a sus estudios, y la otra mitad se las enviaría a sus padres. Eso sería una forma de hacerle saber a su padre que se había equivocado y que ella había elegido bien al irse del pueblo a buscar un mejor futuro.
