Capítulo 32

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Tenían quince días desde que habían hecho las negociaciones, todo había salido normal, una de las primeras condiciones para el trabajo es que ella tendría que mudarse por los próximos meses a San Cristóbal, ya que estaría muy ocupada dirigiendo y posiblemente haciendo con sus propias manos los nuevos cambios a la nueva casa. Fernando ya le había mostrado los planos, estaba hermosa, por lo menos en el papel y como él se lo había explicado, sería un sueño hecho realidad. Aunque aún dudaba de ciertas ‘medidas’ que había creído leer en los planos.

 

La tarde estaba algo calurosa, ella en sus jeans viejos de trabajo, veía desde el pórtico de la casa, el patio trasero, en realidad era mucho patio y la casa que Fernando visualizaba era factible, aunque al parecer él estaba tomando en cuenta tomar un poco más del terreno que tenían, pero temía preguntarle, conociéndolo, seguro le saldría con que con dinero todo era posible. Con dinero y con esa sonrisa que el tenia, hacía que cualquiera aceptara. El sonido del carro de Fernando la hizo voltear, lo vio salir en sus jeans, pocas veces lo veía en ropa de trabajo, aunque desde ese día en adelante las cosas cambiarían, tendrían como seis meses para tener lista la casa, seis meses para que ella pudiera hacerlo desistir de casarse con esa otra mujer.

 

-          Hola, ¿te hice esperar mucho? – Fernando la saludo con una sonrisa, mientras bajaba varias cosas de su carro.

 

-          No, no te preocupes, de hecho estaba visualizando los planos, insisto, las medidas de tus planos están mal. – Lucero ya se sospechaba que Fernando había hecho algo al respecto, pero no tenía seguridad de nada.

 

-          Ya te dije, confía en mí. – Fernando le guiño el ojo. Ese hombre de negocios, siempre impecable, con el peinado intacto siempre desaparecía cuando entraba en esos jeans. Lo extraño era que, para ella se le hacía igual de sexy o más verlo así, todo desalineado, era como ver el lado más salvaje de Fernando. Ella le sonrió coquetamente y después entro a la casa detrás de él.

 

-          Confío en ti.

 

Las siguientes cinco horas, fueron de arduo trabajo, Fernando había contratado a los mismos trabajadores de hacía cuatro años atrás para que le ayudaran, aparte había traído un extra de ayuda, otros cuantos trabajadores para agilizar la obra negra. Este era su primer fin de semana en San Cristóbal y con eso había tenido para ver grandes cambios en la casa, Fernando tenía mucha prisa por terminar la construcción. Al principio ella no podía hacer mucho, ya que todo estaba en mano negra, por eso la primera semana no había estado presente, pero parte del trato es que ella estaría ahí siempre que él estuviera en la construcción. Aunque no tuviera que hacer, a ella no le había molestado la cláusula, al contrario la veía bastante ventajosa para sus planes.

Fernando era muy bueno trabajando, no parecía un hombre de negocios, parecía como si toda su vida hubiera trabajado en la construcción, era muy hábil con las manos y eso siempre la había sorprendido aun antes, cuando había esos pequeños arreglos a la casa de sus padres años atrás.

 

-          ¿Te puedo preguntar algo?

 

-          Dime.

 

-          ¿Cómo es que sabes hacer tanto, si tu trabajo es de oficina?

El precio de tu amorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora