Capítulo 17

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Lucero ya estaba más tranquila, después de todo, había sido mejor que los comentarios de su madre hubieran sido a solas y no frente a Fernando. Conociendo las imprudencias de su madre, era capaz de decirle a Fernando que ella y Santiago nomás no habían hecho clic. Lo único que había salido bien es que Santiago se había ganado a su padre y con ellos su total aprobación. No sabía cómo lo había hecho, porque ella estaba segura que su madre terminaría por influenciar la decisión de su padre, pero Santiago se lo había ganado y al final eso era lo que le importaba a ella.

Fernando llego por las dos mujeres, había hecho el recorrido en diez minutos, ya estaba listo por lo menos por este día, mañana seria otro día. En cuanto llego por ellas salió del auto y les abrió las puertas a ambas. Elizabeth cada momento estaba más fascinada con él y a Lucero empezaba a molestarle. Santiago en su momento había sido igual o más caballeroso con ella y ella simplemente no le había agradecido ninguno de sus gestos, hasta que Santiago dejo sus intentos de ganársela por la paz, simplemente ellos dos no congeniaban, cosa completamente opuesta con Fernando, que a cada momento Elizabeth parecía estar más encariñada con él.

-      ¿Cansadas? – dijo Fernando mirando por el retrovisor, para hacer partícipe a Elizabeth de la plática.

-      Ay, si y con hambre, lo bueno es que ya mañana estará en casa mi esposito.

-      Me alegra escuchar eso señora. ¿Las llevo a cenar?

-      No, la verdad estamos muy cansadas y preferimos llegar a casa. – Lucero no intervenía en la plática no era necesario, su madre y el parecían interactuar perfectamente.

Fernando sin más se dirigió directamente a la casa de la familia Hogaza. En cuanto iban estacionándose tanto Lucero como su madre se quedaron viendo la casa,

-      Pero que… - Elizabeth bajaba del auto como y veía el patio todo totalmente iluminado, lo suficiente para ver que algo le habían hecho a su patio.

-      Espero que no se moleste, pero – Fernando se acercó a Elizabeth – no tenía nada que hacer, y me imagine que un poco de ayuda para su esposo les vendría bien, sobre todo en estos días en los que el tendrá que tener mayor reposo.

-      Pero hijo, esos focos te han de haber costado una fortuna… - Elizabeth seguía viendo sorprendida, su patio ahora se miraba más amplio, su casa estaba pintada.

-      No, no fue nada, el color de su casa, como no podía preguntarle los colores, pues utilice los originales, pero si usted prefiere mañana se los cambiamos y también mañana vendrá a arreglar la cerca y también quiero que… - Fernando le empezó a decir todos los detalles que había estado viendo en el transcurso del día, sin duda habían sido muchos, era prácticamente una reconstrucción de la pobre casa. Lucero no podía mas, se alejó de ellos, empezó a caminar hacia el fondo del patio. Fernando vio como Lucero se alejaba, quería seguirla pero tenía que continuar con Elizabeth –en verdad señora, espero que no se moleste, mi única intención ha sido que ustedes estén bien, yo sé que las próximas semanas serán duras y pensé que si veían pequeños cambios en su casa, les ayudaría en su estado de ánimo, además, eran necesarios, algunos hasta son un tanto peligrosos.

-      Hijo, - Elizabeth sentía un nudo en la garganta,- por favor no te disculpes de nada, no sabes que esto que acabas de hacer es algo que te voy a agradecer siempre y yo sé que mi esposito también. – Elizabeth le sonrió y le puso una mano en su mejilla acariciándola tiernamente. Fernando disfruto esa caricia, su madre nunca hacia eso, nunca lo había hecho, al menos no con él.

El precio de tu amorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora