Capítulo 19

44 7 0
                                        

Fernando estaba más calmado, había salido fúrico de la casa, pero se había concentrado en terminar el trabajo. Jamás había pensado que iba a darle crédito su hermano por algo que él había hecho porque simplemente le había salido del corazón hacerlo. Pero sabía que con eso iba a hacer al padre de Lucero contento, o mínimo las preguntas se calmarían. Era un hecho que no le había caído bien y él tendría que irse al motel, lo haría en cuanto terminara.

Escucho la puerta cerrarse, alguien venia pero no quiso voltear a ver quién era, estaba bastante molesto y no quería realmente ver a nadie.

-      ¿Estás bien? – Lucero estaba detrás de él, y el en ese momento no sabía si realmente quería verla o si iba a rematar con ella la humillación que había sentido al tener que darle el crédito a su hermano de algo que el jamás hubiera hecho a menos que alguien se lo hubiera pedido.

Fernando seguía sin contestar nada, aun no sabía si hacerlo no. Ella se había dado cuenta que estaba bastante enojado y le había agradecido mentalmente el que se hubiera controlado frente a su padre, un hombre como el, que no estaba acostumbrado a tomar ordenes ni a que otro hombre se sintiera siquiera con más poder de lo que el tenia, era algo que Fernando no estaba acostumbrado. Ella había visto como su mirada perversa había aparecido por un instante, y después había agachado la mirada, tratando de calmarse.

-      Fernando…

-      En cuanto termine con esto, voy por mis cosas y me voy al motel.

-      ¿Cómo? – Fernando volteo ahora estaban frente a frente.

-      Que voy a irme al motel, es obvio que tu padre no le agrada mi presencia, así es que me voy al motel.

-      No, mi padre tiene carácter fuerte pero…

-      Bastante fuerte. – Fernando lo dijo con un toque de ironía y sarcasmo – ya sé de donde sacaste el carácter. – la vio, ella lo miraba detenidamente - ¿quieres decirme algo más?

-      ¿Vas a salir? – Fernando sonrió, por un momento pensó que era algo importante que ella le pediría que se quedara pero no, ni siquiera le insistía, le importaba más saber lo que haría, ¿para qué? ¿Para poder estar libre de llamarle a Santiago? Claro, en casa de sus padres sería el mejor lugar y el no podría hacer nada por evitarlo, al contrario tenía que seguir el juego, su mandíbula de nuevo se tensó, y su mirada de nuevo se oscureció, era fría, dura.

-      Si voy a salir y no voy a regresar. Así es que podrás hacer lo que te venga en gana que estas en casa de tus padres, y ese será tu santuario – se acercó a ella, quería poder sacarla de ese lugar en ese instante poder estar en su casa, donde ella tendría que seguir con la parte del contrato donde tendría que seguir alejada de Santiago, donde él podía acercarse a ella y besarla y abrazarla y tenerla solo para el - ¿Cuántos días más estaremos aquí?

-      No sé, un par de días más, pero si te molesta o quieres irte mañana mismo – Lucero se sentía mal, sabía que Fernando había hecho algo noble y en vez de que se lo agradecieran tanto ella como su padre lo habían visto como algo malo. Lo único bueno es que su madre había sido buena con él, porque si no, entonces no tendría cara para verlo.

-      No, - Fernando trataba de calmarse, no tenía caso explotar, además de nuevo las palabras de Samira inundaban su mente - tomate los días que sean necesarios, solo necesito saber, porque tengo que hacer unos asuntos por negocios y quiero decirle a Eduardo que tanto tiempo más tendré que estar ausente eso es todo.

El precio de tu amorDonde viven las historias. Descúbrelo ahora