Capítulo 18

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Santiago sabía que estaba perdiendo a Lucero, lo presentía, ella no había hecho nada para buscarlo. El había ido a buscarla a casa de su hermano y Elisa le dijo que los dos se habían ido de viaje, Fernando le había hablado dos días atrás para decirle que irían a ver a los padres de Lucero porque el señor había sufrido un infarto. El problema es que no sabía si le dolía porque sentía realmente algo por ella o porque Fernando la tenía a su lado. Estaba más que molesto de saber que Fernando le había ganado esa batalla.

Se levantó de la cama y movió a la mujer que estaba a su lado desnuda,

-      Ya es hora de que te vayas. - la mujer que estaba medio dormida le respondió,

-      ¿Puedo usar tu baño antes de irme? –Santiago se levantaba completamente desnudo, empezó a caminar rumbo al baño y le dijo,

-      Después de que salga de él sí, pero después te vas, que mi madre dijo que vendría temprano no quiero ni que te vea salir del edificio.

Después de que salió de la ducha, se vistió en completo silencio, la mujer salía del baño en el preciso momento en el que el sacaba dinero de su cartera. Tiro los billetes en la cama,

-      Ahí está tu pago, haz lo que tengas que hacer y te me vas rápido. – la mujer no dijo nada, solo vio como salía de la habitación y por dentro lo maldecía era uno de los mejores clientes porque pagaba bien, pero siempre sabia como humillarla, siempre le recordaba que era una prostituta y que solo tenía valor por lo que podía hacer en la cama y solamente por eso. En realidad esa cara de ángel era una ironía de la naturaleza porque en realidad era un demonio.

Para cuando llego su madre, ya no había rastro alguno de que una había estado compartiendo la cama con una prostituta, ante su madre él estaba muriendo lentamente porque su hermano mayor le estaba quitando al amor de su vida. Su madre llego y lo empezó a chiquear, a apapachar como siempre, él era su consentido y eso había sido claro desde muy chicos, así como había sido claro que Fernando había sido el consentido de papa.

-      ¿Cómo estas mi amor? – Elisa le preguntaba a su hijo, aunque ella lo miraba mal, tenía que hacer la pregunta.

-      ¿Cómo quieres que este mama? Fernando me está quitando al amor de mi vida y yo no puedo hacer nada y…. – Santiago empezó a hacer una de sus mejores actuaciones, mostraba un dolor en su cara, y sus ojos se ponían brillosos, se llenaban de lágrimas – mama no la quiero perder y ese miserable solo la está usando para hacerme daño. Tienes que ayudarme mama, tienes que ayudarme a recuperarla, dile a Fernando que la deje en paz, que nos deje seguir con nuestro amor.

-      Ay hijo, no sabes cuánto me duele que estés sufriendo y estos días eh estado pensando cómo ayudarlos, y creo que tengo una solución, pero para eso tendré que hablarlo primero con Lucero.

-      ¿Hablar qué? – de pronto Santiago se preocupó, sentía que Lucero podría negarse, por miedo o porque estaba empezando a sentirse alejada de él o porque tal vez, Fernando a estas alturas ya le había dicho muchas cosas de él, por desgracia Fernando tenía muchas pruebas en su contra y podía delatarlo frente a Lucero o frente a su propia madre. El por qué nunca le decía nada de sus fechorías a su madre era aún un misterio para él.

-      Pues tengo que ver si ella también quiere estar contigo aun, que me imagino que también, - lo acariciaba como si fuera un pequeño de seis años – solo es para estar seguros eso todo cariño.

El precio de tu amorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora