Capítulo 7

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Encerrados en el despacho, Lucero no sabía si gritarle o quedarse callada, tenía tantas ganas de decirle todo lo que pensaba de él, y después decirle olvídate del maldito contrato. Quería irse a casa, ahora más que nunca deseaba regresar al pueblo que antes aborrecía, ahora, en ese precisomomento se le hacia el mejor lugar para escaparse de la situación en la que se encontraba ahora.

 



-     ¿Que se supone que estaba haciendo Santiago aquí? – Lucero no podía creer la pregunta. Solo se le quedo viendo y no respondió nada. Fernando respiro profundamente. – Lucero, yo se que tal vez eh iniciado con el pie izquierdo contigo pero…

 



-     ¿De qué habla? ¿Iniciar qué? Entre usted y yo no hay absolutamente nada, yo no sé que se está creyendo pero si anoche caí tontamente en su juego no vuelve a suceder. – Lucero estaba molesta, eso era más que obvio para Fernando ahora que ella empezaba a hablarle con esa altivez.





-     ¿Caer en mi juego? – Fernando dio una pequeña risa irónica, - por favor, yo no le llamaría juego.

 



-     Tiene razón, eso fue una violación. – Lucero lo vio directamente a los ojos, estaba
enfurecida, decidida, fuerte, no era una mujer frágil como él se la había imaginado en un principio cuando había ido a pedir ayuda para su hermano.

 



-     ¿Violación? – Ahora el tono de Fernando era de diversión -  perdóname pero creo que de lo menos que me puedes culpar anoche, es de violación, porque en ningún momento te forcé a nada, absolutamente a nada.

 



-     No uso la fuerza, pero me manipulo como a una tonta, haciéndome creer que había hecho el arreglo cuando no había nada…

 



-     No, no, no, permíteme, jamás te dije que ya estaba listo, y lo de anoche no estaba contemplado.

 



-     ¿Cómo que no estaba contemplado? ¿Qué parte era la que no estaba contemplada? ¿La que yo terminara en su cama o que yo me enterara de que usted no había cumplido con su parte del contrato?

 



-     Permíteme, tú misma leíste que la deuda esta saldada – la voz de Fernando ahora era de nuevo autoritativa, empezaba a molestarse, de nuevo, -así es que si cumplí mi parte del trato.

 



-     Lo que no leí frente a Santiago y créame que no lo hice no por usted sino por vergüenza propia, fue que ese cheque y ese trato fue saldado hoy, es decir que anoche, anoche, no había nada y usted me mintió.

El precio de tu amorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora