Capítulo 11

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Aunque Lucero trato de que pareciera que no los había visto, era más que obvio que los había visto, pero como no tenía nada porque reclamar no lo había hecho. Fernando en cuanto la vio entrar se había separado de Samira y sin más anunciaba que se iría a jugar con Daniel, ahora dejaba a las dos mujeres solas en medio del comedor.

-      ¿Encontraste todo bien en la recamara? – Samira pregunto amablemente a Lucero.

-      Si gracias, está todo bien – al ver como Samira levantaba la mesa le dijo – ¿necesitas ayuda?

-      Ah no claro que no, en unos minutos acabo con esto. Gustas algo de tomar, jugo, café, té, agua.

-      Café está bien por favor.

-      Bien, entonces trabajamos un café en un instante.

Lucero aun no sabía si no le caía bien esta mujer, porque en cuanto se separaba Fernando de ella, Lucero sentía que hasta podían ser amigas; el problema definitivamente era cuando estaba junto a Fernando. Y siendo su pareja, era obvio que siempre sentiría algo, lo que fuera, que no les permitiría ser amigas.

Samira regresaba de la cocina, con crema azúcar y una cuchara, dejándolo todo en la mesa debidamente acomodado mientras le hacía platica a una Lucero que miraba a todos lados como tratando de encontrar una salida secreta que la alejara del lugar donde estaba.

-      Y ¿a qué te dedicas?

-      Bueno, estoy empezando una carrera apenas, y se supone que hoy iniciaba un empleo pero…

-      Déjame adivinar, Fer, te robo sin siquiera avisarte.

-      Si – Lucero sonrió aunque por dentro sintió como le ardía el estómago, ¿a ella también le hacía lo mismo? – bueno, me aviso ya noche. Pero no hubo problema, Eduardo es un buen hombre.

-      ¿Trabajaras con Eduardo? ¿Eduardo Zamarripa?

-      ¿Lo conoces? – que pregunta tan mas tonta, por supuesto que lo debe conocer es el mejor amigo de Fernando, pensó Lucero.

-      Sí, claro que lo conozco, aunque tengo un buen tiempo que no lo veo. – Samira se desapareció por unos minutos, Lucero quedo en completo silencio. Quería hacerle tantas preguntas pero no se atrevía. Samira regreso con dos tazas de café servidas. – creo que te voy a acompañar para que no te lo tomes solita.

-      Gracias, - Lucero sonrió tímidamente mientras se preparaba su café. Las dos mujeres concentradas en su bebida estaban en completo silencio hasta que una de ellas se decidió a hablar.

-      ¿Tienes mucho de conocer a Fer? – ese Fer lo decía con tanta confianza, que era definitivo el que había una relación más que amigos entre ellos.

-      Pues en realidad poco tiempo. – Lucero realmente no sabía que tanto tiempo había transcurrido desde el día en que lo había conocido hasta ese preciso momento.

-      Bueno, lo suficiente para que le hayas arrancado un compromiso, y mira que conociendo a Fer no es fácil. – Lucero la vio con una mezcla de sorpresa y de confusión, en sus ojos.

El precio de tu amorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora