Mía.

91 8 0
                                        

Recuerdo la amabilidad de aquellos días con Loella. Incluso verla ahora me hace querer meterla dentro de mi y no soltarla nunca, porque ella es mía. Únicamente mía.

Es la mujer que quiero por esposa, por amante. La mujer que quiero ver todos los días, la que quiero que me ame solo a mi. La que va estar ahí para mi.

Ella quizá no es mi ideal, pero yo la elegí por alguna razón.

- Dile a tu amiga que se vaya.

Ella me miró un poco enojada pero asintió. Su amiga, o no sé que rayos era ella de Loella. Sólo había lastimado la integridad de ella.

- Esta bien, los dejo solos. Loella te hablo después.

Ella se fue. Me miró con una rabia única a lo que reí para mi.

Loella tocó de nuevo toda mi espalda y me abrazó con fuerza. Me sentía raro cuando todas las miradas caían sobre nosotros. Besé a Loella mientras la levantaba. Amaba tener que hacer esto con ella.

Ella me miró pícara y me mordió el labio. Sonreí. Ella bajó una vez más sus manos hasta mis nalgas, cosa que no me incomodaba pero bueno, no lo puedo negar. Era a la única que permitiría tocarme de esa manera, y es un cambio justo.

Yo también puedo hacer de ella lo que quiera, y lo que quiero es protegerla siempre.

- Arlo, todavía no creo que seas real. Algo me advertía de esto... Eres un tonto.

- Te amo mi princesa.

Sentía como ella se ruborizaba incluso sin ver su rostro hundido en mi pecho. No era difícil saber que quería ella... O que sentía.

- Vayamos a otro lugar. - Dijo. - Al bosque.

Asentí y le tomé de la mano. Empezamos a caminar rápidamente así podíamos ir a nuestro lugar.

Al caminar de ida a nuestro tronco, Loella y yo solo nos habíamos mirado. Parecía que no sería lo mismo. Ella apretaba con fuerza mi mano. Una corazonada vino a mi, queriendo hacer a Loella mía otra vez.

- Arlo... ¿Qué es lo que pasó? - Dijo con un nudo en la garganta. Ella se sentó en el suelo y le seguí. - Dime. Quiero saberlo.

- Ha sido difícil. Mi tía... Dice que te quiere sabes.

- Pero ni me conoce.

- Loella, sabes no quiero tener que decirte esto, pero en algún momento nos van a separar. Ahora estamos haciendo algo que no debemos...

- ¡No me importa! Por mi esta bien, lo esta. Lo que menos quiero ahora es que me separen de tu lado Arlo, no lo quiero.

- Es difícil de aceptar...

- No Arlo. Ese no eres tu.

Miré a Loella por un momento. Ella empezó a llorar mientras me miraba, y esa mirada era una mezcla de dolor y rabia. Por si fuera poco, sabía que ella me amaba... Pero algo hacía mal siempre. Creo que últimamente he hecho sentir mal a Loella. Ella está empezando a ser más débil sentimentalmente y todo gracias a mi. Es mi culpa. Ella no debió ser así...

- Soy yo. Lo soy.

Queria llorar. Y lo hice. Loella lloraba mientras se limpiaba los ojos. La abracé.

- Perdón. Yo te amo. - Dije. - No quiero perderte. No quiero... Te amo y lo siento... No llores, por favor.

Loella no podía dejar de llorar.

- No... Sabes cuanto me duele. Como mi corazón se comporta cuando estoy contigo, cuando puedo verte. Cuando puedo besarte y sentirte conmigo... Pero ahora no es esa corazonada que me dolía pero me gustaba. Esta vez duele más.

- No, por favor...

- Duele que la primera vez que me enamoro tenga que pasarme esto. Quizás tu y yo nunca debimos habernos conocido.

Aquel instante quería morir.

Loella dejó de abrazarme.

- No deberíamos hacer esto tampoco.

No digas eso.

- Arlo desde que hicimos eso... Esa pequeña y gran estupidez... Mira lo que pasamos. ¿Eres feliz así?

Loella yo te amo.

- Arlo las cosas... Son muy difíciles. Y ya sé. Tu viniste hasta aquí solo por mi. Has dejado tus lujos... Pero a veces pequeñas cosas que te hacen así me hacen perder la capacidad de sentir que siempre estarás a mi lado.

¿No es sufienciente para ella?

- Me duele. ¿Dónde está mi Arlo?

Negué con la cabeza. Incapaz de hablar, de poder expresar algo tomé el cuello de Loella con ambas manos y empecé a asfixiarla. Ella lloraba, y trataba de detenerme pero yo era más fuerte.

Si quería alejarse de mi, le daría una buena razón. Que se aleje de mi por ver mi verdadero yo.

- A-Arlo

Mirar sus cálidos ojos, hacía que quiera más. Quería ver el color de su sangre entre mis manos, verla morir por mi. Ella me juró su amor eterno, como en la canción.

- Espera por mi.

Ella me miró ya casi perdiendo la conciencia. Un pequeño recuerdo vino a mi, cuando ella y yo teníamos relaciones.

¿Qué mierda hacía?

Dejé a Loella mientras ella tosia en el suelo. Se tomó el cuello y me miró. Le daría 5 segundos. Ella me miró y no dejó de hacerlo. Recuperó la respiración como era debido y se tocó justo el pecho. Puso una cara de dolor, más aún de cuando la quería matar. Miré mis manos.

Ella era mía.

- Arlo...

- ¿Me sigues amando?

Ella abrió la boca y calló. Quería decir algo pero no podía. Se llevó ambas manos al pecho y empecé a preocuparme más.

Su corazón.

- ¿Estas bien?

Menuda pregunta, casi la matas.

Ella asintió.

- Arlo te sigo amando. Soy una imbécil, pero joder. ¡Te amo!

Ella me miró triste. Me acerqué a ella para tomar sus manos, apoyé mi oído en su pecho para escuchar su corazón. Latía lentamente. Toqué el mio, todo vigoroso. Era la adrenalina que sentía por querer matarla.

- Debo irme.

Loella se paró. Yo también lo hice, y ella caminó unos pasos. Luego cayó al suelo.

Esta vez, lo único que podía hacer era correr. Tomé el celular de Loella y llamé a su padre. El contesto después de que sonará unas cuantas veces.

Me acerqué a Loella y le tomé el rostro.

- Señor. - Dije fingiendo mi voz. - Creo que su hija esta en el bosque.

- ¿En el bosque?

- Esta en el suelo, venga rápido. La acabo de encontrar.

- ¡Mi hija! Voy en camino.

El colgó. Y yo me fui.

Cartas a mi soledad [Terminado] #Wattys2016Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora