¿Qué es peor? Un psicópata a tu lado... O amarlo intensamente.
"No necesitas mezclar la tristeza y el amor, cuando un hombre tiene un poco de ambas."
Porque... Incluso darlo todo puede ser peligroso.
Una notita: Este es el final de mi historia. Antes que nada agradecer al apoyo de todos los que han leído mi historia, pero temo que no puedo darle una trama como quisiera. Si me animo, haré unos capítulos con final alternativo.
La canción es Crescent Moon de Kaito.
Disfruten la lectura :3 A mi esa canción me hace llorar a veces... Tiene un sentido ilogicamente profundo!
»»»»»
Pasaron años.
Arlo nunca más volvió a aparecer y ya era otra. En realidad sigo recordando el amor que nos teníamos y la última vez que pude verlo.
Sonreí varias veces durante este tiempo pensando sobre nosotros, sobre la vida que nos tocaría llevar. Imaginar que esos sueños, esas pequeñas ilusiones ya no pudieron ser nada.
Me até a su recuerdo y dentro de mi sabía que seguía amándole. Caminaba a mi departamento, escuchando música. La sensación de estar siendo seguida se hizo presente y me asusté pues era de noche y no estaba concentrada en llegar rápido.
Apresure el paso para notar que ese alguien me seguía con rapidez. Mi padre me enseñó a estar con una navaja, de modo que pueda defenderme. Me faltaban unas cuadras para llegar, y me quité un audífono para escuchar los pasos. El suelo estaba húmedo, y llovía un poco.
Mire hacía atrás para ver que una silueta me seguía y entonces aliste la navaja, que estaba en mi cinturón. Una cuadra más.
Sentí que alguien corría y mi cuerpo se paralizó. Mi corazón empezó a latir, como cuando Arlo se acercaba a mi.
¿Podrá ser él?
Ideas así cruzaron mi mente cuando me sentí la respiración de alguien tras mío. Al voltear pude notar que no era Arlo. Un hombre no más alto que yo me miraba fijamente y apuntaba un arma. Saqué la navaja y le hice un corte apenas en el rostro.
En el intento de escapar este hombre me tomó del brazo. Mi corazón empezó a latir más fuerte. La fuerza que ponía para zafarme no era suficiente, ni mucho menos... Ahora si no sabía que hacer.
La navaja cayó al suelo. Con las manos ensangrentadas, este hombre me miró con odio.
- Déjala.
Esa voz...
- ¿Qué no oyes? Déjala.
Miré a ambos lados. Voltee un poco la cabeza... Era Arlo.
El hombre me sometió a él, técnicamente abrazandome. Traté de escapar pero tenía brazos muy fuertes. Apuntó con rapidez el arma a mi cabeza y su respiración se agitaba.
- La mataré si no te vas.
Arlo me sonrió con la mirada. A la vez, negó con la cabeza y se río. El hombre ante esto empezó a temblar, ligeramente. Sentí pequeños golpes en mi cabeza por el arma.
Pero no me sentía asustada.
Arlo empezó a caminar hacia nosotros, unos 10 pasos lo separaban. El hombre trató de jalar el gatillo, entonces con mi cabeza le golpeé la barbilla y en la confusión le golpeé en el estómago de un codazo. Entonces corrí a brazos de Arlo.
El también sacó un arma. El me miró y me sonrió.
- Vete de aquí si no quieres que dispare.
El hombre se quedó tocando la herida de su rostro y me apuntó con el arma. Sin pensarlo, Arlo disparó al hombro. Me tomó de la mano y ambos empezamos a correr.
¿Cuántos años habían pasado?
¿7?
Arlo miro varias veces hacia atrás. Y nos alejamos de mi apartamento. Nos ocultamos en un pequeño restoran familiar. Nos sentamos frente a frente. Sentía que mi rostro estaba rojo.
- Loella, ¿Porqué eres tan imprudente?
- No soy imprudente...
- ¿Y tu navaja?
Mierda.
- Era la navaja de mi padre. La dejé ahí.
El me sonrió.
- Te extrañe mi Loella.
Te amo.
- Y-Yo también... Arlo quería preguntar a donde te fuiste... Me dejaste... Me trataste de matar...
- Loella, es algo que no podrás entender. La mente de un asesino es algo más que solo muertes y sangre. O que una manía. Estar solo me ayudó bastante. Y nunca te dejaría Loella nunca. Todo este tiempo te he estado siguiendo, todas las noches y días. Vigilando tus pasos, siempre cuidandote. Nunca dejé de amarte.
- ¿Y porqué trataste de matarme?
- No lo sé... Quizás tu me odies por eso. Te mandé dos veces al hospital.
El me miró más triste. Una camarera vino y el pidió una hamburguesa, y yo también. Suspiro varias veces y se cruzó de brazos.
- Lo siento. Quizás era porque quería ver como eras por dentro y no medí mi... Fuerza... La verdad es que, quería ver tu sangre. ¿Ese es un fetiche?
Se sonrió a sí mismo mientras empezó a mirar hacia abajo.
- Pero con lo que acaba de pasar solo me demuestra cuan sometida estas a mi. Pese al dolor, los problemas... Sigues ahí para mi.
- T-Te amo...
Lo dije casi susurrando. Apoyé mis brazos en la mesa y me hundi en ellos. Me oculte como un avestruz.
- Dilo de nuevo. Quiero oírlo Loella.
Sonreí. Y las lágrimas, las malditas lágrimas que había guardado las saqué. Negué con mi cabeza, y sentí como Arlo tocaba mi cabeza.
- Te amo Loella.
Levanté la mirada, y borroso se veía. El me sonreía, y tocaba mi brazo con fuerza.
La camarera vino y dejo nuestra comida. Arlo empezó a comer y me miró entre mordidas. Me reincorpore. Me limpie las lágrimas y empecé a comer.
Las miradas eran continúas, y me ponían nerviosa, tanto que a veces no podía comer. Arlo sabía mi punto débil. Sólo él lo sabía.
Sonreí mientras comía.
Al terminar de comer y pagar, Arlo me tomó de la mano. Ambos salimos así del lugar sin decir nada. Sus manos frías, volviéndose tibias junto a las mías...
Caminamos un poco, aún en silencio. Hasta llegar a la puerta del edificio donde vivo. No quería despedirme. Jale a Arlo conmigo dentro, llevándole hasta mi departamento.
Le hice entrar, y sentar. Cuando nos miramos pude sentir la calidez de cuando éramos jóvenes.
- Yo también te amo Arlo.
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