Durante el resto del día estuvimos recorriendo la ciudad. Todo quedaba muy cerca. En el camino pude ver varios locales de comida Japonesa, tiendas de ropa, tiendas de diseño, un par de cafeterías y una enorme librería. El lugar favorito de las chicas. Entramos a la librería y compramos siete libros cada una. Obligamos a los chicos a llevarlos. Bueno, Mery y Nelly obligaron a Bartolomeo y a Dimitri, ya que Alejandro y Nathaniel lo hicieron sin objeción.
-¿Quieres ver otro lugar?- preguntó Nelly, pero yo solo pude ver la hora en mi celular. Las 6:35 de la tarde.
-¿Puede ser mañana?- pregunté a lo que todos se negaron.
-Tiene que ser ahora- dijo Alejandro que estaba justo delante de nosotras.
-Bueno...- murmuré derrotada.
Caminamos un buen rato más. Estábamos saliendo de la ciudad. Seguimos hasta llegar un pequeño camino, de ahí tuvimos mucho cuidado al caminar por ahí. La caminata se me hacía eterna. No tenía idea de a dónde íbamos. Toqué el hombro de mi hermana para llamar su atención.
-Falta poco- dijo ella a modo de respuesta para una pregunta que nunca formulé, pero que estaba a punto de hacerla.
Caminamos unos diez minutos más, hasta que un sonido me llamó la atención. Era agua. Los chicos empezaron a correr hacia aquel sonido, por lo que tuve que seguirlos. Me detuve justo detrás de Steicy. Lo que estaba viendo era hermoso. Un lago cristalino que brillaba con las estrellas que se posaban encima de nosotros. A un lado del lago había una pequeña cabaña. Los chicos caminaron hasta ahí, dejaron los libros en su interior y volvieron con nosotras. Nos sentamos a la orilla del lago, contemplando lo maravilloso que era estar ahí. Acerqué mis dedos al agua y un cosquilleo recorrió todo mi cuerpo. Estaba fría... Más de lo que esperaba.
-Esto es hermoso- dije con una enorme sonrisa.
Me levanté para poder ver mejor el alrededor. Steicy hizo lo mismo, pero se colocó detrás de mí. Ya sabía sus intenciones. Por el rabillo del ojo la vi acercarse. Intenté moverme para que ella cayera en el agua, pero un mal cálculo hizo que ambas cayeramos. Este lago era más profundo de lo que imaginaba. Subí lo más rápido que pude y respiré una enorme bocadana de aire.
-¡Te odio!- grité cuando mi hermana salió del agua.
-Igualmente- contestó ella riendo un poco.
-¿Que tal está el agua?- preguntó Alejandro en la orilla.
-¿Quieres probarla?- preguntó Bartolomeo detrás del moreno para luego empujarlo al agua.
-¡Maldita golda!- gritó Alejandro arrojando agua con sus manos hacia donde estaban los demás.
Luego de esa pequeña broma, todos estaban en el agua. No nos importaba el frío o que aún siguiéramos vestidos para la calle, lo único que importaba era que estábamos disfrutando de la felicidad y el cariño del momento. Pasamos un par de horas nadando, hasta que se escuchó un estornudo. Mery se rascaba la nariz, tratando de alejar la sensación de picazón.
-Será mejor irnos- propuso Ronaldo saliendo del agua, siendo seguido por Mery, Nelly y Dimitri.
Miré a Steicy y ella con una mirada me indicó que saliéramos. Así lo hicimos. Caminamos hasta la cabaña, nos secamos un poco y nos llevamos los libros en varias fundas plásticas. Volvimos a hacer el mismo recorrido para salir de aquel lugar. Cuando llegamos a la ciudad, habían varios puestos de comida y otras cosas en la calle. Caminamos con rapidez cuando el viento empezó a ser más fuerte.
-¡Corran por sus vidas!- gritó Steicy cuando estuvimos cerca de la casa. Los chicos soltaron los libros y salieron corriendo detrás de Steicy.
-¡Los libros! ¡Pendejos!- gritó Mery arrojándole piedras a los chicos.
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Viviendo Con Mi Hermana
RandomEsta es la historia de un par de hermanas que vuelven la vida de todos patas arriba. " El amor es más fuerte que cualquier otro sentimiento", esa es su frase favorita.
