Capítulo 4.

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- yo también curso el último año de bachillerato. - me dijo luego de despegar la mirada de su libro y mirarme.
- Sí lo sé, se que los presidentes estudiantiles siempre tienen que ser del último año para postularse, porque tienen que ser maduros y responsables ya que es un cargo delicado, tienen que tener por lo menos unos 17 años, por alguna de esas razones eres el presidente estudiantil. - le dije mientras pintaba.
- yo no me postulé porque quise, un maldito idiota puso mi nombre en la lista sin yo saber, me enteré de que era el nuevo presidente estudiantil cuando el director anunció que yo era el ganador, esto es una verdadera molestia. - me dijo levantandose de la silla y caminando hacia donde yo estaba.
- me imagino que quisiste matarlo. - le dije riendo.
- y lo hice, le di una paliza, yo no quiero estar en esta mierda. - resonó su voz a mi lado mientras miraba la pintura.
- yo sé como puedes dejar de ser presidente estudiantil, sólo tienes que meterte en problemas y ya está. - le dije.
- no quiero meterme en problemas, el director es amigo de mi madre y de inmadiato le llegaría el chisme de que fue lo que hice.
- ya veo... se ve que eres un chico de buena familia, con padres que te dan todo, se ve que eres un alumno ejemplar. - le dije en un tono algo bajo.
- se podría decir que sí, pero la materia en la que no sirvo para nada es en ésta, la de arte, soy un completo desastre, no sé pintar, ni dibujar. - me dijo viendo como pintaba.
- eres un chico de números, literatura y demás, te diré algo. - le dije levantandome de la silla. - para pintar tienes que tener alma, tienes que pintar lo que sientes aquí, en tu corazón, tienes que pintar tus sentimientos como mejor te parezca, como tú lo quieras representar, eso es la verdadera técnica de un pintor. - le dije mientras recogía mis cosas.
- ¿por qué tu pintura es tan triste?, demuestra tanta tristeza. - me dijo mientras la observaba. - no todo es color de rosa en esta vida. - le respondí mientras lavaba los pinceles.
- ¿te sientes triste?. - me preguntó mientras metía su libro en su mochila.
- ¿por qué lo dices?.- le pregunté al mismo tiempo que me ponía mi mochila.

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