capítulo 22.

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Me sorprendió dándome por la cabeza con una piedra que de inmediato hizo correr mi sangre, me corría por la sien y se iba hacia mi barbilla, mi rabia incrementó y lo patee por la cara rompiéndole toda la boca, mi madre me abrazó llorando.
- ¡ya basta Diego, se van a matar!, ¡basta por favor!. - me dijo llorando envuelta en nerviosismo.

Terminé dentro de la patrulla junto al maldito de Reinaldo, nos detuvieron por 24 horas, cuándo salí de la comisaría corrí a casa lo mas rápido que pude, llegué a mi casa exhausto y cuando entré mi madre estaba hablando con Luís sentados en el sofá de la sala, mi madre se levantó y corrió hacia donde estaba y me abrazó, sus lágrimas corrieron, besé su frente y la calmé.

- tu amigo vino a visitarte. - me dijo sonriendo mucho más calmada.

Miré a Luís avergonzado, sentía vergüenza de mi pobre casa, de los muebles desgastados, del pequeño televisor que se veía feo, del desgastado vestido de mi madre; me miró y sonrió tras levantarse y caminar hacia donde estaba.
- tu mamá me contó todo, que bueno que estes bien Diego. - me dijo dandome una palmada en el hombro.
- ¿Cómo encontraste mi casa?. - le pregunté. - sólo le pregunté a las personas que estaban en la parada del autobús dónde siempre me dejas, me dijeron que siguiera la calle sin afaltar, que conseguiría un pequeño pueblo y luego que preguntara allí a cualquier persona a ver si te conocía, lo hice y pues bueno aquí estoy. - me dijo sonriendo.
- que bueno que al fin conseguiste a un amigo Diego, siempre estás tan solo, vayan a divertirse un rato, pero primero bañate y cambiate esa ropa Diego. - me dijo mi madre.

Salimos a recorrer el pueblo, entramos a una pequeña taberna, pedí dos cervezas y un cigarro, era cliente fijo en ese lugar por sus famosos pasteles de carne que me preparaba la dueña del lugar, también iba allí a ver los juegos de béisbol cuándo era la temporada de las grandes ligas.

- no sabía que fumabas. - me dijo Luís.
- sólo cuando estoy estresado. - le dije algo serio.
- y entonces también tomas... - me dijo algo sorprendido.
- si sólo cuando estoy estresado. - le dije antes de beber de mi vaso de cerveza.
- ¿quieres ir donde las prostitutas?. - me dijo.

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