5

231 21 11
                                        

—Vamos Lena, solo un trago, no seas tan amargada —me pide Alex tratando de que me anime.

Cómo odio que insista tanto cuando no estoy de humor ni para sonreír, además ¿cómo se atreve a decirme amargada si casi siempre la acompaño a todas sus fiestas? Se nota que no está en mis zapatos.

¡Odio mi vida! 

Mi futuro está en picada. ¿Como pude ser tan estúpida? Debí hacerle caso a Ricky, pero no, yo siempre de prepotente, está bueno que me pase. 

Pero siendo sincera no me pude aguantar.

¿Como es posible que una persona se sienta tan seguro de sí mismo, tan sereno, reflejando tanto poder y a la vez tan inseguro e inestable? No lo hice por mal, simplemente me salió. Debo empezar a pensar más antes de dejar que mi gran bocota se me adelante.

—Lena, dime que acabas de ver la misma tableta de chocolates que yo. ¡Oh Dios que hombros! ¿Viste como se le marcan los músculos con esa camisa? —interrumpe mis pensamientos Alex, mirando hacia algún lugar de la sala.

—No Alex, no me di cuenta. No sé cómo puedes estar pensando en hombres y bebida cuando deberíamos estar hablando de buscar un apartamento —le digo mirándola directo a los ojos.

Debí imaginarme que esto iba a pasar. Me convenció de que viniera a tomar un trago con ella con la excusa de que debíamos celebrar mi primer trabajo, aunque me haya ido pésimo. En este momento deberíamos estar buscando el lugar en el que finalmente viviremos. Cada vez se está haciendo más difícil, esto de mudarse en una nueva ciudad no es como lo pintan. Todo los lugares que hemos visto sobrepasan nuestro presupuesto, o están en pésimas condiciones. Necesitamos encontrar algo rápido, no podemos seguir quedándonos en ese hotel de mala muerte o todos los ahorros se irán a la mierda.

—¡Por todos los santos! Lena, tómate una margarita por lo menos, invito yo —dice, mirándome desesperada—. Ahora, si me permites, don tableta de chocolate no me quita los ojos de encima, creo que quiere bailar conmigo. Iré a comprobar si estoy en lo cierto, ya vengo —me dice con esa sonrisa tan peculiar de ella. No tiene arreglo. Cuando se trata de hombres, así es mi prima.

Me quedo asombrada de como puede ella estar tan tranquila e ir a buscar con quien pasar la noche y después se queje de que la utilizan. Dios quiera que no le de otro hermanito a Isa, aunque en ese aspecto sabe cuidarse muy bien.

Siento que me vibra el teléfono móvil. Cuando veo en la pantalla la fotografía de Leo tomo la llamada, pero con en el ruido que hay en este lugar me encamino al área de fumadores que está más tranquila.

—Hola Leo —no respondo bien cuando ya me está interrumpiendo.

—¿Dónde estas? ¿Por qué no estás en el hotel? ¿No se supone que no te sentías bien por lo del trabajo? Por lo que escucho estás en un bar o algo así. ¿Lo estás? ¿Por qué no me...—lo interrumpo porque no estoy de humor para su discurso de novio preocupado.

—Sí Leonardo, estoy en un bar con Alex —le digo poniendo los ojos en blanco, aunque no me pueda ver—. Prácticamente me obligó a venir hasta aquí. Y sí, es verdad que me siento mal por eso y muchas cosas más, pero Alex quería que la acompañara, así que eso —le digo con sumo cuidado ya que no quiero tener una pelea con él por esta estupidez.

—Ah esta bien mi amor, entiendo. Pero también pudiste haberme dicho y yo haber ido con ustedes —responde un poco más calmado.

—Ya te dije Leo, prácticamente me obligó a venir, además no creo que duremos mucho. Ya me quiero largar de aquí.

—Bueno, pues disfruta de tu noche y olvídate del trabajo Lena —despego el teléfono de mi oreja para comprobar que con quien estoy hablando es con él. Y sí, es su número. ¿Leo pidiéndome que disfrute de mi noche? Raro. Cuando me llevo nuevamente el teléfono al oído lo escucho repetirme lo mismo, que me olvide de todo y que disfrute, sorprendiéndome con sus palabras ya que usualmente intenta privarme de muchísimas cosas, aunque yo no le dejo. Nos despedimos y cuelgo.

HOLMESDonde viven las historias. Descúbrelo ahora