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A pesar de llegar a casa con Alex refunfuñando sobre que iba a llegar tardísimo a su cita con Hamiel, no pude sacarme de la cabeza todo lo que me dijo la enfermera en el hospital acerca de Ian, el supuesto secuestro de Deana, su supuesto novio y todo lo demás y después de meditar, reflexionar, escudriñar y recordar toda la noche, llegué a la conclusión de que todo era falso, con todo este escudriño, me he olvidado tengo que comprar los regalos de navidad para Isa, que Alex y yo no la celebremos porque la odiamos no quiere decir que nuestra pequeña princesa no merezca algunos caprichos.

Pero volviendo a lo que me tiene con la cabeza vuelta loca, no se porqué, pero no concebía el hecho de que Ian fuera la persona que describió la enfermera, no me lo imaginaba teniendo raptada a Deana, fingiendo su enojo cuando le hacía cualquier pregunta, su presunto interés "prohibido" por mí, aunque tengo que reconocer que mi confianza hacia él es un poco disparatada e infundada ya que casi no lo conozco, pero la verdad es que confío en el.

Sin embargo, algo no me cuadra en toda la historia, por ejemplo, el tal Kevin. 

¿Qué quiere conseguir inventando toda esta historia?

¿Qué interés podría tener él en Ian o Deana? 

¿De dónde los conoce?

Tengo que averiguar lo que está pasando y saber si en realidad todo es falso.

Me paso todo el fin de semana esperando con ansias el lunes y empezar con mi "investigación". Ignoro casi por completo a la pobre Isa cada vez que me pide que juegue o vea un programa de televisión con ella, pero ahora no soy buena compañía, hasta Alex se dio cuenta de eso al preguntarme el domingo en la mañana que qué me pasaba que estaba como en la luna.

No quise decirle nada porque con lo dramática y exagerada que es, no dudo que quiera ir al hospital a preguntarle ella misma a Ian y no quiero que él sepa que yo se algo. Alex se conformó con mi sencilla respuesta de que era por mi boda, ayudó el hecho de que no quiere siquiera que se la mencione, dejándome a mi sola con todos los preparativos, ya que mi madre vive en Coney Island, no tengo hermanos ni amigas con la confianza necesaria en la ciudad y Leo sólo colabora cuando tiene tiempo en su oficina, que es nunca. 

Y yo no es que esté tan entusiasmada con la idea tampoco, después de que me pidió las gracias por pedirme matrimonio ya nada es igual, al menos de mi parte, a pesar de la cantidad de veces que me pidió perdón. Aunque no quiere decir que ya no le quiera. Pero no estoy segura de querer pasar el resto de mi vida con alguien que crea que me está haciendo un favor, tal vez solo me esté conformando porque las posibilidades de que encontrar a otro hombre que me acepte con mi condición son ínfimas.

«Estoy cansado de decirte que es mejor pasarse la vida solo pero feliz, que acompañado y amargado» dice mi angelito en mi cabeza.

«Estoy de acuerdo con éste. Para un pendejo que no te valore, mejor soltera para que otros te exploren», habla el diablito. Ruedo los ojos, cuando se trata de hablar mal de Leo, son los mejores amigos. 

Él también se dio cuenta de que algo me pasaba cuando me llamó para quedar el domingo en la tarde para planificar la boda y yo me negué. Se extrañó porque siempre que tiene tiempo, yo estoy disponible, o más bien, produzco mi disponibilidad. 

De las personas con las que hablé, el único que no se dio cuenta de nada fue Chris, mi nuevo "amigo", el mismo señor bien vestido que me preguntó en el ascensor si me encontraba bien hace unos meses cuando salía de la oficina de Ian.

Nos vimos hace como 2 meses en la editorial, cuando salía de la oficina del señor Sanders, según él, un buen amigo y se presentó como Chris Henderson, empresario. Desde ese día, visitaba frecuentemente la oficina y siempre me llevaba algo: una flor, un chocolate, un caramelo y así. Su último presente fue una pluma recubierta de plata, dizque porque pensó que si hubiese sido de oro no la iba a aceptar, pero aún así, obviamente yo no la acepté y aproveché el momento para preguntarle el porqué de sus regalos y que qué pretendía conmigo, me dijo que me lo decía si aceptaba almorzar con él ese día. Acepté dispuesta a romperle las bolas si intentaba sobrepasarse, cosa que no sucedió, todo lo contrario.

HOLMESDonde viven las historias. Descúbrelo ahora