Tiro las llaves a la mesa del recibidor y por fin siento la paz que tanto anhelaba, lo único que interrumpe el silencio es el sonido del agua caer en la fuente, transportándome a casa. Pero hay un molesto sonido que rompe con la armonía, aunque no logro reconocerlo. «Tín, tín tín ». Es como que quisiera sacarme de mi sosiego, hasta que:
—¡¡Mi amooooor!!.
¡Joder!, de vuelta a mi realidad. No bien me da un abrazo y un beso de bienvenida cuando ya me está hablando de la boda.
—Mi amor al fin llegas, tengo que enseñarte las flores que elegí, son unas bellísimas cataleyas de color blanco, importadas desde Colombia. Me encantan y se que a ti también te encantaran. ¿ Verdad? Estarán en unos jarrones en...—y vuelve la misma canción: que las flores, que los manteles, que los centros de mesas, que las invitaciones. ¡Dios! ¿Ni siquiera es capaz de preguntarme como me fue? ¿O cómo estuvo la rueda de prensa, si estoy cansado? Sólo sabe hablar de la boda: boda, boda y boda. A estas alturas estoy deseando que llegue el día para recuperar a la Deana que quiero y amo ¿Amo?
—El miércoles es la sesión de fotos oficial. Ya hablé con Robert para que lo añada a tu agenda. Y cariño —dice mirándome a los ojos—, la cita es irremovible porque el fotógrafo es el que le hizo la sesión a Kim Kardashian y Kanye West y tiene la agenda a tope para los próximos días —como si me importara a quién demonios haya fotografiado. Me basta con que haga bien su trabajo.
—Deana, me encanta que hayas avanzado tanto en los preparativos de la boda —le digo con una sonrisa disimulando lo mejor que puedo mi irritación acerca de la boda—, pero ahora estoy muy cansado para seguir hablando del tema. Ahora mismo lo que necesito es una ducha caliente.
Al dirigirme al cuarto siento que me sigue, solo espero que no continúe hablando de los mismo. Sigo directo hacia el baño para ducharme. Me desanudo la corbata cuando llega y me abraza por detrás.
—Esta bien mi amor. Hablamos cuando estés menos cansado. Y, ¿cómo estuvo el viaje y la rueda de prensa? —pregunta de repente, sorprendiéndome que haya desistido de hablar de la boda a la primera. Recuerdo la maldita pregunta y me tenso de inmediato. No quiero revivir ese momento al contárselo ahora , aunque se que se enterará cuando lo lea en el periódico o lo vea en la televisión.
—Estuvo bien. Lo mismo de siempre —le digo escuetamente.
—Hmmm —es su respuesta, mientras comienza a masajearme los hombros—. No sabes cuanto te extrañé —me da la vuelta y me besa en los labios durante unos segundos— ¡Pero que estresado estás! Tendré que relajarte —susurra. Empieza a quitarme la chaqueta, entrando sus manos por mis hombros y tirándola al suelo.
Ya sé en lo que acabará esto y no sé si estoy de humor para ello, pero al verla a los ojos siento esa necesidad, ese deseo, tal vez sea verdad y me haya extrañado mientras estuve fuera. Dejo que siga con su juego, ya me ha quitado la corbata y algunos botones de la camisa, baja la mirada a mis zapatos y entiendo la señal de que quiere que me los quite, los arrojó a un rincón y con una mano me quito los calcetines y los tiro igual, ya voy sintiendo un poco de esa paz que necesito. No sé si es porque Deana no ha hablado en todo el proceso, sólo me ha pasado sus manos con perfecta manicura por los hombros, la cara ,el pecho, dándome pequeños besos en el camino.
Ahora que estoy más relajado es que me doy cuenta que lleva un bonito vestido verde que se le ajusta a su cintura, con uno de esos zapatos super altos que le encantan, en ese instante me jala y me sienta en la butaca del baño, se para frente a mí y empieza a quitarse los zapatos y el vestido de una forma muy provocativa, quedando en un sensual conjunto de sostén y bragas de encaje color negro, yo sigo solo con los pantalones desabrochados a la espera de su siguiente movimiento.
ESTÁS LEYENDO
HOLMES
RomanceIan Holmes, exitoso arquitecto de Mahnhattan, futuro esposo y padre. Para todo el mundo, un presente maravilloso y un futuro prometedor, menos para él, que convive con su pasado cada día desde hace 10 años cuando su vida cambió por com...
