Observo como Sophie y Elena abandonan la sala hacia la cocina, para dejarnos solos a Alex y a mí. Se le nota la gran curiosidad que tiene por saber lo que le voy a proponer, solo espero que acepte. Rezo para que lo haga.
—¿Y bien? —pregunta cuando terminan de salir, mirando alternativamente a mí y a Dylan, que duerme tranquilamente en mis brazos.
—Alex yo quisiera... me gustaría... verás, me imagino que sabes que Deana murió, ¿verdad? —asiente y me concentro en mi propuesta en vez de en el pesar que siento—. Y como sabrás, no tengo idea de cómo cuidar a Dylan, tanto así que aprendí a cargarlo hace unas horas cuando fui a buscarlo al hospital, y antes de que te preguntes cualquier cosa, quiero que sepas que no quiero que mi madre tenga nada que ver, por eso me...
—Ian, ¿quieres que cuide a Dylan los primeros meses? —me interrumpe con las cejas levantadas.
—Si —expulso todo el aire de mis pulmones que no me había dado cuenta estaba conteniendo—. Me ayudarías muchísimo, hasta que aprenda cómo hacerlo, por supuesto, y sólo serian los primeros meses —asiente como si ya lo hubiera escuchado antes—. ¿Cómo sabias que era eso lo que te preguntaría?
—Hamiel. Me dijo lo mismo que tú —asiento. Claro, fue él que me lo propuso, y como me conoce tan bien, asumió que le haría caso a su consejo, al menos eso es lo que quiero creer, no que soy demasiado predecible.
—Entonces, ¿aceptas? —pregunto titubeante. Se acerca y acaricia suavemente la cabecita de Dylan, sonriendo con dulzura. Nunca pensé que la vería así, y me agrada porque me siento más seguro de mi decisión.
—Primero tienes que decirme cuales días y qué horario. Ya sabes que trabajo.
—Pues serian...
En mi mente solo rondan tres palabras: todos los días.
—¿Todos los días? —pregunta como intuyendo lo que pienso.
—Pues el va a respirar todos los días —respondo señalando lo obvio. Alex lanza una carcajada que hace que Dylan comience a removerse en mis brazos. La miro sorprendido, sin saber qué hacer antes de ver como lo toma en sus brazos y empieza a girar lentamente de un lado a otro mientras hace un sonido con su boca que lo calma un poco hasta que se queda quieto de nuevo.
Me siento un inútil, un inepto, un bueno para nada. Puedo diseñar edificios enteros, desde la estructura hasta el tipo de luminaria, ¿pero no sé cuidar a mi hijo?
—Dime por favor que aceptarás, Alex —le digo sin importarme mi tono de súplica—. Adaptaré mi horario al tuyo, aunque me tomaré unos días sin ir a la oficina, aún así, ¿qué días trabajas y desde qué hora a qué hora?
—Los lunes los tengo libre, de martes a jueves trabajo de 6 de la tarde hasta las 10 de la noche y los fines de semana de 10 a 3 de la mañana, que es la hora en que cierra el bar —asiento cuando termina, aceptando que de martes a jueves no puedo hacer nada después de las 6.
—No hay problema. Mi agenda estará vacía cuando estés trabajando —le aseguro—. Entonces, aclarado ese tema, ¿cuánto... cuánto... me cobrarás por cuidar de Dylan?
—Ni idea, lo que quieras. Si quieres hasta no me tienes que dar nada, Ian, de verdad. Fuiste muy bueno con nosotras al no cobrarnos nada por la restauración del apartamento, así que, estamos en deuda —esboza una tímida sonrisa, ignorando que fue Hamiel quien me lo impuso, no tuve alternativa, pero eso ella no tiene que saberlo.
—No, difiero. Lo de la restauración no fue nada. Dime cuánto y yo te lo daré sin problemas.
—Ya te dije. Si insistes, lo que quieras, yo no te daré una cifra, no lo esperes —me dice mirando con advertencia.
ESTÁS LEYENDO
HOLMES
RomanceIan Holmes, exitoso arquitecto de Mahnhattan, futuro esposo y padre. Para todo el mundo, un presente maravilloso y un futuro prometedor, menos para él, que convive con su pasado cada día desde hace 10 años cuando su vida cambió por com...
