Hogar dulce hogar.
Nunca pensé que diría esa palabra, sin embargo, es todo lo que está ahora mismo en mi cabeza.
Entro las maletas al cuarto y me tiro en la cama que tanto extrañaba, mientras Deana entra al baño.
Después de recorrer la mitad de Europa durante 30 días en nuestra luna de miel, desde Venecia hasta España, todo lo que quería hacer era regresar al insoportable tráfico y a las calles de Manhattan.
Aunque cada vez que visitábamos una nueva ciudad o país, me entraban las ganas de recorrerla entera y conocer su arquitectura, más aún sabiendo que estaba en el primer mundo. Claro que casi siempre no lograba satisfacer al arquitecto que hay en mí porque Deana siempre estaba cansada para caminar más de 50 metros por el embarazo.
Cansancio que no se lo notaba cada noche cuando hacíamos el amor nada más llegar al hotel. Parecía nunca saciarse, y yo, por supuesto la satisfacía.
Me estremezco al recordar una noche en la que casi, bueno, no casi, en la que dije irracionalmente "Elena" mientras estaba encima de ella y me imaginaba lunares en sitios donde estaba seguro que Deana no tenía.
—¿Qué? —me preguntó dejándose de mover.
Yo me turbé por completo al darme cuenta de lo que acababa de decir.
Desde que ví los lunares en la cara de Elena, no hago más que imaginarme más de ellos en otras partes de su cuerpo. No sabía que lo lunares me cautivaran o me excitaran tanto.
—Eleva...las caderas —le respondí lo más normal que pude. Por suerte me creyó y seguimos en lo que estábamos, pero yo ya no estaba tan concentrado en ella.
No me imaginaba que en mi matrimonio con Deana iba a tener que mentirle por la existencia de otra mujer, sin embargo, me ví haciéndolo cada vez que nos topábamos con una mujer con el trasero grande, yo la seguía con la mirada y Deana me pillaba.
Me inventaba siempre la excusa de que leí no sabía donde que Jennifer Lopez se encontraba en Europa y que era a ella a quien buscaba. Ella siempre me creía y preguntaba que desde cuando era su fan y yo siempre me encogía de hombros.
Me dan unas ganas enormes de golpearme por no poder sacármela de la cabeza desde el día en su apartamento y encima, estando casado con Deana y esperando un hijo con ella.
¡Si es que le estoy siendo infiel joder!
El sonido de mi móvil me saca de mis cavilaciones. Lo tomo y veo la foto de mi madre. Ignoro la llamada y lo pongo en modo silencio.
Desde que discutimos en su casa nuestra relación es aún más pésima de lo que ya lo era. Y empeoró todo el hecho de que me afirmó que le dijo zorra a Elena en nuestra boda.
Nuestra boda.
Sabía desde el principio que no iba a estar muy a gusto en ella, pero fue peor de lo que imaginé, topándome con personas que nunca en mi vida había visto y fingir que estaba muy agradecido de que asistieran, hasta que vi a Elena del brazo de Ricky.
Como siempre estaba preciosa. Me impresioné al verla con el pelo suelto, ya que siempre que la veía lo llevaba recogido, figurándomela con el pelo corto, pero no, lo tenía hasta la cintura de un lindo color que se veía natural, no como Deana que se lo teñía de rubio cada dos meses.
Deana.
Deana, mi esposa. Deana, la madre de mi hijo. Deana que no es Elena.
Todo esto me lo tuve que recordar cuando estaba frente a Elena en medio del jardín, diciéndole dizque que iría a buscar a mi esposa; pero abandonó mi mente en el momento que me topé con su mirada mientra estaba bailando con Deana y lo que quería era que fuera ella quien estuviera bailando conmigo.
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HOLMES
RomanceIan Holmes, exitoso arquitecto de Mahnhattan, futuro esposo y padre. Para todo el mundo, un presente maravilloso y un futuro prometedor, menos para él, que convive con su pasado cada día desde hace 10 años cuando su vida cambió por com...
