¿Por qué tiene que durar tanto?
¡Joder!
Miro hacia el otro ascensor, pero está subiendo.
¡Joder!
¿Por qué su oficina tiene que estar en un noveno piso?
Finalmente llega el ascensor, subo deprisa y espero a que descienda los nueve jodidos pisos.
El encierro y el nerviosismo hace que comience a respirar con dificultad. Me abro la chaqueta en busca de un poco de aire. Tengo que tranquilizarme, no puedo permitir que me ponga de este modo y mucho menos que me haga sentir culpable por mi trabajo.
Inhalar, exhalar, inhalar, exhalar.
Cierro los ojos con este mantra en mi cabeza. Cuando se normaliza mi respiración los abro y me encuentro con la mirada de todos los hombres que allí se encuentra, sobre mis pechos.
¡Pervertidos!
Cuánto me gustaría gritarles sus verdades a la cara, pero tengo que tragarme todas las palabras que están en la punta de mi lengua porque no me puedo arriesgar a que me despidan, ya bastante tengo con la maravillosa entrevista que le acabo de hacer al señor Holmes. No entiendo porque cada vez que estoy con él, mi boca y mis ojos cobran vida propia.
—Disculpe señorita, ¿se encuentra usted bien? —me pregunta un señor a mi lado con simulada preocupación. Observa toda mi cara, deteniéndose en mis ojos.
—Si, gracias —le respondo tajantemente.
Debe estar finalizando sus cuarenta o al principio de los cincuenta. La verdad es que se ha conservado muy bien.
Viste con una camisa roja y chaqueta gris oscuro sin corbata con pantalones negros, una vestimenta nada sofisticada pero tampoco informal.
—Hace un momento advertí que respiraba con dificultad —dice.
—Si, solo fue un momento, gracias.
Responde asintiendo con la cabeza junto con una sonrisa.
Al verlo mejor, me fijo en que tiene unos ojos negro azabache que resaltan en su pálida cara. De joven debió de ser muy apuesto.
Lo mejor que puedo decir es que durante la corta conversación que mantuvimos no miró hacia mis pechos.
—¿Y su nombre señorita es...? —me pregunta luego.
Gracias a Dios el ascensor finalmente llega al primer piso, siendo este el viaje más largo que he tenido.
Salvada por la campana.
Me despido del señor con una sonrisa y salgo casi corriendo de allí, tropezando con alguien segundos después.
—Disculpe —le digo a la persona.
—¡Lena! Hola —escucho que responde. Levanto la mirada y me encuentro a Hamiel.
—Ah, hola Hamiel. Tengo prisa, hablamos luego. Adiós —me despido con una sonrisa.
Cuarenta y cinco minutos después, luego de tomar dos trenes y caminar dos bloques de manzana, me encuentro frente a la puerta del departamento.
Cuando entro, noto que no hay nadie en casa.
Por suerte.
Estando sola, me arreglo mas rápido, aunque no tengo idea que me pondré.
¿Dónde me llevará Leo?
El no saber el lugar me dificulta mucho más la elección de la ropa.
Decido enviarle un mensaje preguntándole qué ropa debería ponerme. Me responde al instante:
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HOLMES
RomanceIan Holmes, exitoso arquitecto de Mahnhattan, futuro esposo y padre. Para todo el mundo, un presente maravilloso y un futuro prometedor, menos para él, que convive con su pasado cada día desde hace 10 años cuando su vida cambió por com...
