Cuando abre la puerta, me sorprendo lo que veo.
Nunca en mi vida había visto a una persona acabando de vomitar que se viera tan bien.
Se me instala una sonrisa en el rostro y sólo soy capaz de decir su nombre.
—¿No te habías ido? —pregunta con expresión furiosa.
—Pues ya ve que no. La engañé para que saliera.
—Vaya, no me digas —cambia el peso de su cuerpo de un pie a otro, lo que me hace mirarla de arriba abajo. De nuevo.
Debería haber una ley que prohíba usar esos pantalones en la calle. Causarían muchos accidentes.
Subo por su cuerpo deteniéndome en su abdomen.
—¿Está embarazada? —le pregunto sin pensar, mirándole fijamente con el corazón latiéndome a mil por hora.
Pone los ojos como platos.
—¿Qué? —exclama con expresión asombrada y turbada.
—Los vómitos...
Se echa a reír agarrándose el inexistente vientre.
—Jamás pensé que tú me hicieras reír, estando yo como estoy —dice entre risas, abriendo más la puerta y señalando el interior del baño—. Aquí está el baño, esperándote.
¿Eso es un sí o un no?
Me pasa por el lado, en dirección a la sala y es ahí que me doy cuenta de lo pequeña que es sin tacones.
La sigo por el pasillo, zapato en mano y no puedo evitar mirar su trasero en eso que llaman pantalones. Exactamente en medio leo I ❤ DR en letras rojo y azul.
Se da la vuelta y me pilla mirándoselo. Levanta las cejas y sonríe casi imperceptiblemente antes de seguir caminando sin decir nada.
Cuando llegamos a la sala, se inclina para recoger el otro zapato, lo que hace que el "pantalón" se levante y deje ver la línea donde comienza su trasero y un lunar que tiene justo ahí.
Inmediatamente siento una presión en mi entrepierna. Coloco el zapato enfrente para no ser tan obvio.
¿Desde cuando me excito con solo ver una diminuta parte del trasero de una mujer?
Pero es que no es cualquier trasero. Es él trasero.
—¿Tan rápido viste el baño? —me pregunta sentándose en el sofá y colocándose un cojín sobre sus muslos.
Me aclaro la garganta antes de hablar.
—En realidad no lo vi. Confío en usted.
—Ian —dice mirándome fijamente a los ojos—, ¿podrías por fin tutearme?
Suspiro de alivio internamente. Por un momento pensé que me iba a pedir que me fuera, o peor, que sí estaba embarazada.
—Claro...Lena.
—Elena. Lena solo me dicen mis amigos —dice enfatizando en "amigos".
Debería estar ofendido con su comentario, pero la verdad es que lo menos que me interesa es que seamos amigos.
Llega una imagen de Deana a mi cabeza, pero la aparto antes de razonar sobre lo que estoy pensando.
—No hay problema —digo—. Aquí está tu zapato —extiendo el brazo. Ella hace lo mismo y me doy cuenta de algo que adorna su mano, algo que no vi ayer cuando me la encontré frente al ascensor—. ¿Estás comprometida? —no puedo evitar ocultar la sorpresa en mi voz.
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HOLMES
Любовные романыIan Holmes, exitoso arquitecto de Mahnhattan, futuro esposo y padre. Para todo el mundo, un presente maravilloso y un futuro prometedor, menos para él, que convive con su pasado cada día desde hace 10 años cuando su vida cambió por com...
