—¿En serio te dijo eso? —pregunta Alex con los ojos como platos. Le lanzo mi mirada de exasperación esperando que entienda—. Está bien, está bien. No sé ni porqué me sorprendo. Sabía desde el principio que era un pequeño cabrón, pero esto lo convierte en un gran cabrón.
Desde que dieron las 7:40 esta mañana y yo seguía todavía arrebujada en mi cama, Alex se plantó en la puerta de mi habitación con la intención de tumbarla si no abría. Cuando lo hice, al verme puso cara de asombro, supongo que debo parecer la hermana de un panda con un par de genes de Gollum.
—¿Por qué todavía estás acostada cuando deberías estar preparándote para ir a trabajar? —me preguntó, acostándose a mi lado.
Le conté toda la noche anterior, desde la venda hasta cómo perdí mis zapatos. Al principio se mostraba atónita acerca de todas las demostraciones de amor que me dio, preguntando cada dos por tres en medio de exclamaciones de incredulidad que si era ese Leo, que si no estaría drogado, que no confiara del todo porque ese no era su real yo y muchísimas cosas más de ese estilo.
—Una cosa tengo que concederle, y es su elección del anillo. Está preciosísimo —dijo cuando se lo enseñé en mi dedo anular.
Cada vez que me disponía a quitármelo, no lograba hacerlo. Quiero disfrutarlo lo más posible antes de que sucede lo que sea que vaya a suceder con Leo. Estoy casi segura que será la última vez que un hombre me pida matrimonio, me case o no con él.
Cuando le dije lo que me dijo acerca de que tenía que agradecerle por pedirme matrimonio, gritó un "¡Lo sabía!" tan fuerte, que creo que despertó a todos los inquilinos del edificio entero.
Desde ese momento sólo decía que sabía que no iba a terminar bien tratándose de Leo y que era muy raro su comportamiento anterior de novio enamorado hasta las células, hasta ahora, que al parecer lo que no se cree es que Leo me lo haya dicho.
—Es que, ¿por qué comportarse tan lindo y después tan pendejo? —me pregunta acariciándome la cabeza.
En momentos como estos, siempre se comporta como la mayor.
—Lo mismo me pregunto yo —murmuro. Me aparta y de repente se levanta de un salto de la cama.
—Pero te prohíbo que te quedes aquí ahogándote en tus lágrimas y teniendo tan mal aspecto como lo tienes —dice apuntándome con un dedo con una mano en su cintura.
—Tan encantadora como siempre —digo con una sonrisa falsa antes de levantarme de la cama—. Además, no pienso ir a trabajar hoy. Voy a llamar para decir que estoy enferma. Espero que me crean y que al ser sábado, no haya mucho que hacer —me inclino para sacar mi teléfono del cajón de la mesita al lado de mi cama, donde lo metí anoche con la intención de no ver todas las llamadas de Leo.
—Pues no estarás mintiendo al final —mira hacia mi trasero alzando las cejas.
—¿Qué? —le pregunto mientras camino al espejo de cuerpo entero que tiene mi clóset y al verme me sorprendo de mi mal aspecto. Alex lo decía en serio. Cuando me miro el trasero, veo una pequeña mancha roja en la parte inferior del pantalón pijama—. Genial. Lo que me faltaba. ¿Por qué precisamente hoy tiene que llegarme el jodido periodo?
—Mírale el lado bueno: uno, no tendrás que mentir en la oficina y dos, no podrás seguir ahogándote en tus lágrimas si no quieres terminar ahogándote en tu sangre —me dice con una gran sonrisa—. Salgo un momento para llevar a Isa con su padre, es sábado, le toca. Compraré de camino un cubo de helado para...
—Déjame adivinar: para ahogarnos en él —asiente antes de dirigirse a la puerta—. Alex —la llamo antes de que salga—, ni se te ocurra ir a hablar con Leo, que te conozco —pone los ojos en blanco.
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HOLMES
عاطفيةIan Holmes, exitoso arquitecto de Mahnhattan, futuro esposo y padre. Para todo el mundo, un presente maravilloso y un futuro prometedor, menos para él, que convive con su pasado cada día desde hace 10 años cuando su vida cambió por com...
