Lo que me faltaba, una bofetada de Elena. Más bien, otra bofetada.
¿Y ahora que habré hecho?
Cuando escuché el sonido de algo caerse en algún lugar de la sala, me volteé y me encontré con la cara que menos esperaba encontrarme en mi situación actual y la que con nada más verla, me calmó todos mis frenéticos nervios: la de Elena.
Desde hace 3 horas sacaron de la sala de operaciones a mi prematuro bebé y a una Deana muy pálida necesitando donación de sangre urgente, debido a la gran cantidad que había perdido después de haberle sacado al bebé. Y todo gracias a su anemia por deficiencia de vitamina B12, que según la doctora Brown era a causa de las estúpidas dietas que hacía y su mala alimentación durante el embarazo aún después de que mi madre la trajera por emergencias nada más llegar de nuestra luna de miel hace 5 meses, claro que yo la hacía comer todo lo que la ayudara a producir esta vitamina, desde carnes hasta productos lácteos, alimentos por supuesto, Deana odiaba a muerte por las calorías que contienen.
Desde el parto no puedo permanecer en un solo lugar. Me siento mas inútil que una escalera hacia un muro porque mi maldita sangre no es compatible con la de Deana y por lo tanto no puedo donarle, tampoco puedo estar con mi hijo como me gustaría porque está en la sala de incubación y no me dejan estar más de 15 minutos en ella. La presencia de mi querida madre no ayuda para nada al insistir en darle declaraciones a los malditos buitres que atestaban la entrada del hospital cuando llegábamos con Deana esta tarde, tratando de convencerme de que no llamara al servicio de escoltas para que los echaran. Por suerte no tardaron ni 30 minutos en llegar y ahora todo está despejado. Al menos es lo que parece, porque conociendo su insistencia no dudo que estén escondidos en algún lugar del estacionamiento esperando que alguno de la familia salga.
¿Quien los llamó y les avisó de lo que sucedió? Ni puta idea, solo espero que no haya sido mi madre porque esa sí seria la gota que derrame el vaso.
Cuando salí de la habitación donde se encuentra Deana para descansar de la sofocante presencia de mi madre, lo más remotamente lejos que tenia era encontrarme a Elena, ni recordaba su existencia. Desde el mismo segundo que mis ojos se posaron en ella, mi cerebro se formateó y quedó en blanco, ya no estaban ninguno de los problemas, sólo ella.
Caminando hacia ella recordé su profesión y me pregunté al instante si no estaría allí por la situación de mi familia, pero no llegué a preguntárselo en voz alta porque nada más pararme en frente, me suelta una bofetada y se va sin decir ni mú.
Dioses del olimpo, ayúdenme con las mujeres, primero Deana y los problemas con el bebé, el empeño de mi madre en querer divulgar nuestra vida privada y ahora la periodista me voltea la cara sin razón aparente, después que creía que las cosas entre nosotros empezaron a tomar cause, aunque en estos últimos meses solo nos hayamos visto unas cuantas veces de pasada, ya que he estado evitándola constantemente (es demasiada tentación), pero ya me doy cuenta de que con las mujeres nunca se sabe. Lo mejor es que vuelva con Deana o con el bebé, ya bastante vergüenza he pasado con la enfermera riéndose de mi bofetada.
Camino hacia la sala de incubación con Elena en la cabeza. ¿Por qué rayos me volteó la cara?
Al entrar al cuarto de incubación mi desasosiego crece, Dylan está rojo de tanto llorar y no hay ninguna enfermera cerca. Deana está inconsciente en su cuarto y obviamente no puede atenderlo, no sé cómo me haré hasta que se recupere, no sé nada de bebés y ni loco permitiré que mi madre cuide de él, no dejaré que mi bebé sufra lo que yo sufrí de niño.
—Mira como está, al menos cárgalo —escucho la voz de Hamiel en la habitación. Lo miro, dándome cuenta de su presencia por primera vez. Mira a Dylan desde una esquina como si fuera un espécimen de alienígena.
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HOLMES
RomanceIan Holmes, exitoso arquitecto de Mahnhattan, futuro esposo y padre. Para todo el mundo, un presente maravilloso y un futuro prometedor, menos para él, que convive con su pasado cada día desde hace 10 años cuando su vida cambió por com...
